viernes, octubre 02, 2009

Bloqueo

Bloqueo de escritor.


Eso explicaría más o menos la falta de actualización de los blogs (si Alvaro, me acuerdo que tengo dos blogs, el que se vaya a cumplir un año desde la última actualización de uno es algo meramente circunstancial).


El bloqueo de escritor debe de ser algo muy terrible para un escritor. Para un amateur como yo, simplemente es una molestia de proporciones moderadas. Como no poder ir al baño en un par de días, pero constante. No deja de ser.

No tengo bloqueo porque me esté sucediendo algo malo, o porque esté pasando por un mal momento de mi vida. Lo cual es bueno. Creo que es más bien al contrario, la sobrecarga de estímulos positivos me tiene un tanto pasmado. Como cuando llega la mañana siguiente de tu cumpleaños y no sabes qué regalo empezar a usar antes :D

Ya se me pasará. Siempre se me pasa.

miércoles, agosto 19, 2009

The Unmaker Inside

Este blog sufre cada vez más de mi insensible abandono, sólo comparable al blog de cuentos. Hasta mis lectores más acérrimos han perdido la esperanza y ya no me atacan con maliciosos comentarios de cuándo voy a terminar de publicar la historia.

Yo, por mi parte, he identificado una serie de elementos que me mantienen lejos del teclado.

Por un lado está Fallout 3. Vagabundear por el árido y post apocalíptico Washington DC es tan adictivo como el gore con el que mueren las hordas de enemigos que me atacan, y en ocasiones mi propio personaje cuando me descuido. Por otro lado, simplemente me lo paso muy bien jugando Guitar Hero.

También está el hecho de que muchas de las cosas que pienso no son fácilmente escribibles, y frecuentemente mi mente se va hacia temas como el paso de los años y sé que eso es muy latero de leer. Sin embargo me resulta imposible de suprimir; con frecuencia miro esta hermosa ciudad e intento recordar qué tiendas o qué edificios han desaparecido durante los últimos años. Muchas veces intento recordar qué hacia yo en determinada época.

Lo cual me lleva siempre a analizar mi vida actual. Durante todos los años de mi adolescencia siempre me preocupe mucho de no volverme una persona gris no pensante como los que tanto odiaba, y ahora que soy más viejo y que he aceptado tantas cosas que en su momento detesté, suelo perderme en juicios a mi mismo respecto a qué cosas que he aceptado tienen razón de ser por madurez y cuales corresponden, si es que alguna, al envenenamiento y muerte del alma.

Y finalmente, el responsable soy no sólo yo mismo sino que además uno de mis demonios personales más antiguos, el Deshacedor (usando un término de Orson Scott Card) o el No Man (usando un término de Jim Carrey), el que prefiere la abulia, la negación, la pereza (o flojera, depende de qué lado del charco me lean), el perderse en la nada.

Claro que, por otro lado, este soy yo escribiendo durante el día, muerto de sueño. Sucede que de noche soy levemente distinto, y ahora que trabajo a esas horas semana por medio, quizás, sólo quizás, mi teclado empiece a hacer más ruido o al menos otro que no sea cuando se cae el suelo.

Espero.

domingo, junio 28, 2009

The air that I breathe

Mientras escribo esto, afuera está lloviendo a cántaros. Ha llovido desde anoche aunque ahora ya no hace tanto viento. Desde donde estoy puedo ver las nubes en lo alto, otras nubes sobre la cordillera de la costa, y el perfil claro y limpio de los edificios del centro.

Esto no tiene absolutamente nada que ver con lo que voy a escribir a continuación. Es sólo que me encanta la lluvia.

Actualizar este blog, como se habrán podido dar cuenta, es algo que se me hace cuesta arriba. Lo hago aproximádamente una vez al mes, aunque como les conté hace poco por lo menos tres o cuatro veces a la semana empiezo a esbozar alguna idea de lo que escribir. Evidentemente, no paso de ahí.

Lo cual no quiere decir que haya dejado de escribir regularmente. Pese a que la evidencia de mi otro blog de cuentos pueda sugerir lo contrario.

Escribo aproximádamente todos los días. Párrafos de cuatro lineas, o a veces dos páginas, en un bloc de bocetos Artel de 16 por 21 centímetros y 100 hojas. Escribo con letra pequeña pero ordenada, por ambos lados de la hoja, pero como he arrancado una que otra por motivos extraordinarios, no van a ser 200 páginas escritas. Llevo 156, eso sí.

Resulta curioso que teniendo un medio donde escribir, no lo haya terminado aprovechando tal como pensé. Cuando era un adolescente y leía la Zona de Contacto, veía la columna de La Vida según Benito y otras más que la siguieron después, y pensaba con ligera envidia lo mucho que me gustaría tener un espacio como ese donde escribir. Creía que siempre tendría temas, claro que por aquel entonces también tenía la idea de que mi vida era lo más interesante del mundo, pero tampoco hay que avergonzarse de ello; son cosas propias de la adolescencia.

Cuando salí del colegio y tuve que ponerme a trabajar, me prometí que no dejaría de escribir. Que no me volvería gris ni acabado, que no dejaría que el mundo me atrapase. Daniela, el amor de mi vida, siempre recuerda esa época como una escena de "I Disappear", de Metallica, donde Jason Newsted intenta subir una escalera mientras un montón de tipos con traje lo empujan en dirección contraria (min 1:34)



Años después salí de ese trabajo, tuve la oportunidad de estudiar y la malgasté, y tuve que volver a trabajar. Hasta que pude estudiar de nuevo, esta vez mientras trabajaba. Adopté varias medidas para no fracasar de nuevo, una de ellas y probablemente la más importante, dejar de beber tanto. La otra fue dejar de escribir.

Recuerdo claramente estar almorzando en el que por aquella época, era el primer restaurant de mi primo. Siendo algo poco común, mientras comía me encontré con Daniel, uno de mis más queridos amigos del colegio, y se sentó con nosotros. Mientras nos poníamos al día, le comenté que estaba empezando a estudiar de nuevo, y que iba a concentrarme de verdad en ello, y que incluso dejaba de escribir por los dos años y medio que duraba la carrera, hasta conseguir titularme. Nunca he podido olvidar su cara de espanto al decir algo así, ni su gesto de desaprobación, curiosamente (sobre todo tratándose de Daniel) no completamente verbalizado.

No escribí mucho en esa época. Fui bastante medido con el alcohol y mi vida social, aunque tampoco me dediqué como poseso al estudio, descubrí algo llamado Grand Theft Auto en esa época. Sin embargo saqué la carrera.

Y como ya saben, volví a escribir. Hace cosa de un año me puse más serio e intenté, sin mucho éxito, no sólo esbozar un par de líneas sino que completar cuentos. Pero tampoco he abandonado la idea, que conste.

Escribir o no ya no es una opción para mi. Creo que nunca lo ha sido, de hecho, pero ahora soy más consciente de ello. Más allá de que pueda o no terminar las historias que se me ocurren, o darles forma y coherencia.

He tenido varios contratiempos, eso sí.

La leyenda cuenta que cuando William Gibson estaba escribiendo Neuromante, fue al cine a ver Blade Runner por primera vez. No pudo terminar de ver la película, y salió muy perturbado de la sala de cine. Todo lo que él se había imaginado en su cabeza mientras escribía la novela lo veía de repende en una pantalla de cine.

Conozco la sensación.

A los catorce años empecé a esbozar lo que aún es una compleja (más por la cantidad de material que por la calidad) historia de ciencia ficción que empezaba con el impacto de un asteroide en la tierra. Un par de años después estrenaron Armaggedon y Deep Impact.

Hace uno o dos años escribí las lineas generales de una historia en la que una joven superdotada lograba crear una forma de digitalizar sobre una inteligencia artificial, su propia mente. Luego de lograrlo, ponía esa consciencia en un robot y huía de su laboratorio. Hace unos meses vi el piloto de Cáprica, la serie nueva y spin off de Battlestar Galactica. Sin comentarios.



Hace menos de un mes se me ocurrió otra idea para un cuento corto, y para ponerle un nombre identificable y distinguir esas notas sobre las otras que tengo, usé la palabra Warehouse. Días después supe de una nueva serie de ciencia ficción que se va a estrenar en primavera (Otoño en USA). Se llama Warehouse 13.

Estos son los ejemplos que tengo más a mano, aunque recuerdo más. Ninguno de ellos me ha desanimado lo suficiente como para dejar de escribir, con la posible excepción del primero, pero no duró mucho y por otro lado, insisto, la edad influye.

No espero, tampoco creo, sino que sé que en algún momento podrán leer las historias que han estado atoradas en mi cabeza todos estos años. Y ojalá les gusten, aunque honestamente esa no sería la mejor parte.

La diversión, el placer, lo que realmente me satisface, son los momentos en los que detengo lo que sea que esté haciendo, saco ese bloc y escribo unas cuantas lineas.

That is the air that I breathe.



I will not relent no no
Never live with defeat never falter
This like the air that I breath
I will not choke on failure

jueves, mayo 14, 2009

Pieces

Este mismo blog es la prueba irrefutable de mi dificultad de terminar lo que empiezo; algo que me ha atormentado durante toda mi vida hasta el punto de, muchas veces, minar mi autoestima. Pero, honestamente, no es tan grave como suena una vez que lo he escrito.

Por lo general, esta incapacidad estaba, hasta ahora, en un ámbito privado, hasta que me dió por publicar. El mismo hecho de hacer algo así fue un esfuerzo personal, ver si acaso, ante la mirada de otros, por verguenza, me impulsaba a ser más constante y disciplinado. El experimento falló miserablemente pero hey, eso no quiere decir que no vaya a seguir intentándolo.

Muchas veces, durante la semana, tengo el impulso de escribir algo en el blog.

Por lo general es algo que sucede, especialmente, en dos instancias; o cuando me estoy bañando, o cuando estoy en tránsito arriba de la micro (bus, para mis queridos lectores no nacionales). No cuando voy al baño por lo otro; ahí es solamente lectura, y muy rara vez, narrativa. No blogs.

La mayor parte de estas ideas se quedan dando vueltas. Un par de lineas, o algún concepto sin desarrollar, que se pierde en algún momento en mi sobrepoblada mente. Cuando escribo notas sobre posibles historias o cuentos, eso no es problema. Sin embargo, un blog de dos o tres lineas sería un Twitter largo, más que una entrada de Blog corta. Ergo, sería bastante ridículo.

Ojo, voy a mezclar lo anterior con otra reflexión que tuve hoy al mismo tiempo; este proceso es algo muy común en mi cabeza. Está muy lejos de ser multitasking o multi proceso; yo lo ubicaría más entre lo primero y lo que popular pero incorrectamente, conocemos como esquizofrenia. Pero en fin, estoy divagando de nuevo. Se le avisa a cualquier persona que no esté acostumbrada a estar dentro de mi cabeza, que se agarre a algo porque el giro es complicado.

Me estoy haciendo viejo, aunque no estoy envejeciendo, pero cada vez tengo más años.

No acepto quejas, ya advertí respecto al movimiento.

La mayor parte del tiempo, no me siento perteneciente al resto del mundo. Esto no tiene nada que ver con sentirme más o menos, mejor o peor al resto, ni tiene ninguna connotación de heroísmo solitario ni dramatismo emo. Simplemente, no siento pertenencia, ni identificación. Ni siquiera con otros ñoños. Y mira que conozco ñoños...

Ok, segundo giro en todo esto, dentro de la idea anterior, pero más adentro.

Me sigo sintiendo un adolescente, en ocasiones un niño, lo que es divertido porque cuando era un niño, y luego un adolescente, me sentía viejo. Aunque en realidad creo que nunca me he sentido mayor o menor de lo que me siento ahora, como si mi edad interna fuese una constante y la única diferenciación son los grados de consciencia que tengo al respecto.

Encontrarán bolsas de papel bajo sus asientos en caso de mareo... espero.

No se preocupen, ahora es cuando, desde lo último, empiezo a ascender hasta la primera idea. Ir más abajo, no es una opción.

Entre mi desapego al mundo, junto con mi viejismo interior, se produce un efecto de enajenación en la cual observo el mundo como un espectador. No me siento relacionado con la gente a mi alrededor, o de mi edad, en muchos aspectos; veo sus preocupaciones, sus motivaciones, la forma en que interpretan y entienden el mundo, y no puedo compartir nada de eso. Más allá de que no haya crecido en este país y que por lo tanto no comparto los mismos cimientos.

Veo a veces a mis compañeros de trabajo hablando sobre hijos, deudas, colegios, seguros, y a mis adentros me siento más preocupado de encontrar una guitarra para la Xbox, o de cómo coreografiar alguna escena en el GTA. No es que no me interese lo que hablen ellos, o no entienda lo importante que es para ellos. Pero esas cosas, simplemente, no pasan por mi cabeza.

Cuando camino por la calle, veo miles y miles de avisos publicitarios que no causan ningún efecto en mí; no me impulsan a comprar nada y en la mayoría de los casos, ni siquiera recuerdo el producto al que iban asociados.

Y así, va un largo etc.

Hace unos diez o quince años atrás, pensaba que cuando me hiciese viejo, esas cosas cambiarían. Que pese a que luchara contra ello, algún día me transformaría en una de esas personas que veía a mi alrededor y compartiría sus preocupaciones, sus metas, y probablemente su forma de ver el mundo. Afortunadamente, me equivoqué.

Durante todo este tiempo (hasta hoy en la mañana, mientras iba bajando por Salvador hacia Providencia, enfrascado en el infernal taco entre Santa Isabel y Bilbao) siempre asocié ese proceso de asimilación a hacerse viejo. Ahora que me estoy haciendo viejo (si, sigo pensando que uno se hace viejo pasado los 25, la idea no se me fue de la cabeza cuando llegué a esa edad) me doy cuenta de que no me "estoy haciendo viejo" tal como pensé. Sigo igual, con más años, afortunadamente mejor en muchas cosas (respecto a mi mismo) pero sigo sin pertenecer al resto del mundo. Lo que tampoco me quita el sueño.

Ante lo cual, me doy cuenta de dos cosas.

Primero, que debo encontrar otro término para "hacerse viejo" que no incluya asimilarse a la masa. Probablemente, el orgien de este término viene de mi padre, y toda esa gente que al igual que él, me dijo (evidentemente hasta el punto de convencerme) que cuando creciera dejaría de pensar y preocuparme "en todas esas tonteras", léase todo aquello que me hace friki, ñoño, geek, nerd, o como me quieran llamar.

Segundo, y porque no todo es bonito, parte del hacerme viejo consiste, definitivamente, en otros dos aspectos que si desarrollé, y que relacionaba desde niño con ello, que sería por un lado estar siempre muerto de sueño, y por otro, no tener tiempo para hacer las cosas que me gustan. Aunque claro, lo segundo es cuestionable porque me gustan demasiadas cosas, pero también es cierto que aunque tuviese mucho tiempo (como lo tuve hace años atrás, cuando salí del hospital) tampoco lo aprovecharía para hacer todo lo que quiero.

Así que tengo que elegir qué cosas hacer. Anteayer elegí corregir algunas escenas de mi proyecto de cortometraje de acción en GTA, ayer elegí hacer un capítulo en Resident Evil 5, hoy elijo ver el final de la quinta temporada de Lost, y quizás el fin de semana elija escribir algo, porque eso sería lo que tengo más desplazado últimamente. No, perdón, lo segundo más desplazado, lo primero es leer comics (me quedé en el fin de Civil War) y lo tercero es ver películas.

Hasta entonces, Félix y esa siniestra sombra me siguen mirando feo, desde el fondo de mi cabeza. No son los únicos, una muchacha llamada Sofía me mira bastante mal desde la mesa de la cocina de la Casa de Dios, y una niña del mismo nombre, junto con su hermano Juan, me miran aún peor, desde la periferia de un Santiago futurista que es la cuna de la revolución de los robots, aunque estos no maten a nadie ni tengan ojos rojos, digan "Volveré", y por alguna extraña razón tengan dientes. Del grupo, el que más huevea es un viejo muy, muy oscuro, llamado Horacio, con un sombrero de esos antiguos de ala ancha y abrigo oscuro, cuya vida después de la muerte resultó ser mucho más larga y malévola de la que tuvo en vida.

Pero en fin, ya llegarán sus momentos.



Videos tu.tv

sábado, abril 11, 2009

10 Years After

Un seis de Abril, hace 10 años, conocí a Daniela. Mi vida nunca fue la misma desde entonces.

La mayor parte de la gente que lee este blog nos conoció ya juntos. Los que no, son testigos del cambio que produjo ella en mí, y se lo agradecen.

No tengo la habilidad suficiente como para expresar, con palabras, mi amor hacia ella, ni contar la historia de mi vida, nuestra vida, durante todos estos años. Pero puedo decir que nunca he sido tan feliz como lo soy ahora.

Y puedo contar parte de esto con canciones...









domingo, marzo 08, 2009

Cuando llueve en Marzo...

... y empieza a hacer frío antes de la cuenta. (Sí, estimados lectores del norte, aquí estamos entrando en otoño).

Ok, no fue lluvia propiamente tal. Tampoco hizo taaanto frío. Probanlemente los alarmistas del calentamiento global hayan pasado todo el martes hablando de que el clima se está yendo a la mierda, y que el fin está cerca y todas esas cosas que le gusta mencionar a las personas con ansias apocalípticas y muy, pero muy poco conocimiento histórico.

Pero a pesar de que no me gusta el frío, ni la lluvia cuando no tengo paraguas (lo siento, romanticistas) la verdad es que me encantó el día. Me puso melancólico, pero en el buen sentido. "Sadness is happiness for deep people" como dice ese capítulo de Doctor Who.

Hay una canción no demasiado buena de Slipknot que en cierto momento dice "¿Dónde estarás dentro de 5 años?". Parece una pregunta un poco idiota, incluso media cosmopolitan, pero es curioso. Uno recuerda donde estaba hace 5 años, y entiende que realmente podría estar en cualquier lugar dentro de 5 años. Porque si en el 2004 alguien me hubiese dicho que iba a estar en mi departamento, viviendo con la mujer de mi vida, llegando de un trabajo de oficina a cambiarme de ropa porque llovió la primera semana de Marzo, no me lo hubiese creído ni cagando.

Y sin embargo acá estoy, después de todos estos años. Y muchos, muchos días estoy haciendo cualquier cosa, como preparar algo de comer, o lavarme las manos, o irme a dormir, y me asombro de lo que estoy haciendo. No sólo por estar vivo, sino por estar donde y con quién estoy. Y lo feliz que me hace sentir.

Al mirame al espejo no me veo tanto más viejo. Ahora tengo varias canas, eso sí, y una mancha blanca que crece lentamente en mi cuello. Tengo más entradas y bastante más grasa en el cuerpo, pero también me rio mucho más.

Son muchas las cosas que aprende uno en ese tiempo.

Uno aprende que de hecho, tener un trabajo es algo agradable, y no sólo por los fines de mes.

Que si sigo echando puteadas contra la humanidad en general y contra la gente en particular, las idioteces que leo en los diarios (y en los comentarios de esas noticias), es porque en el fondo, hasta cierto punto, la gente me importa.

Que las cosas no es que hayan dejado de ser importantes; es que ahora otras cosas me lo parecen más, y otras menos.

Al fin aprendí a conocer el gris, en oposición a ver el mundo en blanco y negro. Pero a diferencia de como me intentaban hacer creer, no se trata de relativizar tus valores. Esos siguen a dos colores. Sino que se trata de entender que la gente importa más que las ideas.

Te das cuenta, como muchas veces he escuchado decir a Claudica, que de repente no haces más amigos. Que la lealtad a la amistad, tal como se entiende con frecuencia, es una soberana idiotez. Y no es porque te hagas viejo y aburrido, sino porque entiendes más de la amistad.

Y esta no es demandar atención constante, no significa que alguien va a salir de mi vida sólo porque pasa más de un año sin que lo vea. Tampoco es apegarse a esa idiotez de que uno nunca debe de cambiar, siempre debe ser el mismo. Mis amigos se preocupan más de que yo sea honesto conmigo mismo, y mientras eso sea así, me van a querer sin que importe lo que haga con mi vida.

Porque los amigos de verdad son aquellos que te dicen las cosas que no quieres oir, los que te avisan que la estás cagando, en lugar de "apoyarte siempre en todo lo que hagas".

Y esas cosas siguen siendo ciertas, hace cinco años, y dentro de cinco años más.

viernes, febrero 27, 2009

Two Sides

Yep, ando vago para escribir. En el blog al menos; otras cosas están avanzando bastante.

Clawfinger - Two Sides

No se puede llegar a ser más ateo que esta canción XD



There's nothing a god can give to me that I can't give to myself
I put my beliefs in the things I believe and a god can take care of himself
There's not enough love in the world for me to think about wasting my time
It's not that I don't believe at all but I can't need a heavenly sing
I can achieve the things I need without getting down on my knees
I can respect your religion but I don't want to pay your fees
I don't want to hear you talk about things you think that I need
So don't help me back on my feet again until you can hear me pied

Just look in the holy book of crooks and tell me what you can find
All the rules and regulations made to manipulate your mind
Don't pretend that you're blind, just open your mind and study historical times

The bigger the loss
the bigger the cost
the bigger the cross
and its crimes
I don't believe in god that I need to worship
I don't believe that I need to get down on my knees
I don't believe that voice from above can help me
I only believe in that I can see and the things I can achieve

Whatever belief you belong to there's still always a reason to doubt
And there's always another opinion as to what life is all about
There's always a bigger dimension and a different point of view
So I don't want to try to change you that decision is up to you
Whatever your final choice is and however you chose to live
You better be happy for what you can get and happy with what you can give
There's only one thing to remember there is only one thing you can do
And that is to do unto others as you'd have others do unto you

Two sides two sides to every story
two stories more makes four new ones to chose
Four sides four sides to every story
four stories more makes eight new ones to chose
Eight sides eight sides to every story
eight stories more now which one should you chose
now which one can you use