viernes, diciembre 30, 2005

El Muro

El Muro

Se supone que cuando uno tiene un amigo al que considera muy querido, se le conoce a fondo. Cosas tales como fechas de cumpleaños, detalles de infancia, traumas adolescentes, etc. Pero nada de eso es aplicable a Alvaro. Es por eso, que él es El Muro.
Con un apellido como el que tiene, no hubiese sido demasiado difícil molestarlo en el colegio, la broma es obvia. No creo recordar que se le haya hecho esa broma más de dos veces. Y no se puede decir que nuestro humor fuese excesivamente intelectual. Simplemente, Alvaro despide un aura de seriedad y respeto tan palpable que a uno le parecía inapropiado burlarse de él. Era como estar riéndose de un adulto.
Otra cosa que nos hacía respetar mucho a Alvaro, era su inteligencia. Si tuvo un promedio 6.8 en el colegio, fue tan sólo por culpa de los trabajos grupales, que le bajaban el promedio por culpa de los idiotas con los que hacía esos trabajos. O sea, nosotros. Nosotros éramos una pandilla de pendejos arrogantes, intelectualoides, egocéntricos y autosuficientes. Y a pesar de ello, reconocíamos ampliamente la inteligencia de Alvaro. A veces la odiábamos también. Es por eso, que él es El Muro.
No puedo decir que alguna vez, Alvaro me haya dado un consejo amigo en algún momento difícil de mi adolescencia. Lo cual no deja de ser curioso, siendo él ahora un psicólogo, con muchas probabilidades de ser muy destacado en el futuro. Eso sí, solía ser muy cuidadoso en emitir juicios sobre los demás. Excepto cuando estábamos ebrios. Pero cuando lo hacía, acertaba. Aunque doliese, que era casi siempre. En mi opinión, eso es lo que mide a los grandes amigos. Lo demás es, como dice uno de mis personajes favoritos, “horseshit”.
La relación de Alvaro y Daniel, el protagonista de mi anterior publicación, es bastante desconocida para mí. Porque no me entienda mal, querido lector, nuestra amistad no es de esas fotos Kodak donde salimos los tres sonriendo (dicho sea de paso, no creo que exista una foto así para empezar, y de estar equivocado, en el caso de que salgamos sonriendo, debe de ser por huevear) ni tampoco serviría para hacer esas improbables películas biográficas que dan los domingos en la tarde, sobre aquel grupo de amigos y sus correrías.
Para empezar, nuestra amistad es modular. Es decir, son ellos dos, y yo. Da lo mismo de qué combinación se trate, invariablemente las cosas son así. Probablemente, porque en el caso de ellos dos, sí existía una oposición completa, eran totalmente distintos. Ahora ya no tanto, como que se llegaron a equilibrar. Por eso pienso que es a Alvaro a quien realmente le dolió la partida de Daniel. Y no creo que me equivoque, aunque vaya a saber uno. Es por eso que él es El Muro.
Pero no vaya a pensar ud., querido lector, que esos distintos niveles de amistad entre los tres me producen algún tipo de malestar o molestia. Por el contrario, creo que no hubiese podido ser de otra manera. Ellos dos constituyen un apoyo al mundo real para mí; su unión me ha permitido estar en contacto con la realidad que, si bien no es la que ud. conoce, es la que a mi me importa. O sea, me ha permitido ignorar un poco la realidad que ud. sí conoce y que siempre amenaza con invadirme.
Para evolucionar, ellos se tuvieron el uno al otro. Yo tuve a mi fan nº 1. Y sin embargo, y esto es algo que no es sólo una impresión subjetiva, sino que se trata de algo palpable en cada reunión que hemos tenido, los tres estamos unidos por algo que no entendemos del todo bien, pero si lo suficiente como para sentir respeto por ello, y no mencionarlo muy seguido.
Ya que ninguno de los tres somos normales, es entendible que tampoco tengamos una amistad normal. Pese a que Alvaro vive a una media hora de mi casa en micro, y que él trabajaba a unos 10 minutos de donde yo estudiaba, no lo veo hace meses. Pero claro, eso no es realmente importante. Más que la continuidad, nos une el respeto, la admiración y la confianza del uno por el otro.
Ya que Alvaro también está de cumpleaños por estos días, este es mi regalo hacia él. Ojalá lo lea, aunque de hacerlo probablemente no lo sepa nunca. En todos estos años, y pese a que tiene casi todo lo que he escrito, jamás me ha dicho una palabra acerca de lo que escribo o qué piensa de ello. Es por eso, que él es El Muro.

martes, diciembre 20, 2005

Michelow

Conocí a Michelow en mi primer día de clases, en segundo medio, 1996. No es raro que, estando en el colegio, se le trate a otro por su apellido. Pero en su caso, Daniel no tenía muchas opciones. Su apellido era tan poco común que se transformó en sobrenombre de forma natural.
Siguiendo una linda pero bastante tonta tradición del colegio por aquel entonces, se hacía esperar a los alumnos nuevos en el patio y dos representantes del curso los iban a buscar. El primer problema fue que como nadie organizó nada, nosotros ya habíamos entrado a la sala y nos hicieron salir. El segundo es que no podían haber elegido a una peor persona para ir a buscarnos. Daniel jamás fue demasiado amable por obligación.
Por lo que me contaron mis otros compañeros después, Michelow fue el clásico niño problema del curso durante todos los años anteriores, y cuando lo conocí ya estaba en una etapa de calma. No es que hubiese dejado de ser el payaso del curso, sino que simplemente, se había aburrido de que lo huevearan todos los días la psicóloga y la vieja de UTP (lo siento, no me acuerdo de su nombre ni de qué significaban las siglas, sólo que era una vieja de mierda).
Aún así, al conocerlo, me pareció que Michelow era un soberano imbécil.
Con el tiempo, me he dado cuenta de que todas las personas que he conocido y que han sido amigos míos, me han caído mal al principio. Y los que me han caído bien al conocerlos, terminaron por no ser mis amigos.
No recuerdo si lo soñé, lo imaginé, lo novelé o si realmente sucedió, pero tengo toda la impresión de haber tenido con Michelow una conversación, poco antes de salir del colegio, en la que le confesé lo mal que me había caído y todo lo que lo odié. Y el hizo lo mismo. Yo lo odié porque él era todo lo que yo quería ser y no me atrevía a admitir. Michelow tenía la personalidad necesaria para acercarse a engrupir a una mina, la liviandad para ser sociable, el carisma para ser popular, la inteligencia para que valiese la pena hablar con él; yo no era nada de eso. En esa conversación, él me dijo que me odiaba porque yo tenía la seriedad que él no tenía, cierta gravedad y profundidad intelectual que hacía que incluso mis bromas pareciesen ser algo serio, que cuando hablaba, todos escuchaban porque parecía que lo que decía era importante. Y también porque tenía fe, y seguridad. Como dije antes, no recuerdo si esa conversación fue real o no, pero al menos lo que creo haber dicho sobre él sí lo era.
Los pocos carretes que tuve en el colegio, fueron con él. Viviendo en el departamento más grande que he conocido alguna vez, nos refugiábamos cinco o seis personas en su pieza, de 2 x 3 metros, a tomar y fumar marihuana. Y eso que yo no hacía ninguna de esas cosas por aquel entonces. Ahí nos juntábamos antes de ir a una fiesta. Sólo cuando nos hicimos “grandes” empezamos a carretear en el living. Mis mejores recuerdos de carretes de colegio son en esa casa. Los otros, de cuando con él y un par de amigos más nos íbamos a caminar después de la medianoche por Providencia, y usábamos las escaleras mecánicas del Paseo Las Palmas como resbalín.
Michelow tiene cierto aire cuico. Yo no he sido nunca un resentido y eso no me molestaba. Por lo demás, él nunca fue cuico, simplemente tenía el mismo vocabulario, y una forma de ver la vida bastante similar. Ni siquiera se le fue cuando estudió filosofía y llegó a ser pobre como una rata.
Junto a él y un par de amigos más construimos un mundo en el cual aún vivo. Carretes en los que hablábamos de Nietzsche, de Dune, de Tolkien; escuchábamos el AEnima de Tool y el Antichrist Superstar de Marilyn Manson, y sobre todo los Fiskales Ad-Hok. Literatura, filosofía, música, tonteras. El mundo que me mantiene vivo, con los mejores amigos que pude haber tenido. Y pese a que él nunca me perdonó que me iniciara en el alcohol sin él y el resto de mis compañeros de curso, pagué la deuda con creces en carretes posteriores, cuando tomábamos té (tres cuartos de pisco, dos hielos y el resto, coca cola) y hablábamos de cosas profundas. Aunque realmente lo único profundo de esas conversaciones era la forma en la cual nos hablábamos el uno al otro. Es decir, no como amigos. No con mentiras, ni pelambres, ni frases políticamente correctas. Hablábamos al estilo Nietzsche. Directamente, sin faltar a la verdad, por mucho que nos molestara. Así fue como llegamos a querernos tanto, porque esos son los amigos de verdad.
El tiempo y las circunstancias nos separaron. Al principio fue cuando yo empecé a trabajar y ellos empezaron la universidad, pero a pesar de ello nos veíamos un par de veces al mes. La separación real vino un poco después. Pero estoy equivocado, no fue algo real. Fue una separación solamente física. Nos empezamos a ver casi cada tres o seis meses. Después, algunas veces pasaron años sin que nos viéramos.
Hace casi un año, nuestro amigo en común, el nexo, aquel del cual hablaré dentro de poco, me llamó diciendo que nos teníamos que juntar sin excusas. Michelow se iba del país a estudiar a Alemania. Después de casi tres años sin vernos, llegamos a la botillería donde él estaba trabajando. Nos tomamos una chela, compartimos los cigarros y empezamos a carretear. Y me di cuenta que realmente, pese a que el tiempo había pasado, pese a que habíamos crecido, pese a que habíamos tomado caminos muy distintos, todo era igual. Seguíamos hablando no de las mismas cosas, pero sí del mismo tema de fondo; nuestra amada filosofía, nuestra forma de ver el mundo. Y tal como sucede con los amigos de verdad, sin necesidad de explicar lo que decíamos. Todo se entendía.
Si algo lamento de los últimos años, fue no haberlos tenido más cerca. Ellos si se mantuvieron unidos, fui yo quien se alejó. Afortunadamente, no los perdí.

No huevón, no me olvidé que estas de cumpleaños. Y sí, aunque suene a maricón te hecho mucho de menos. Y espero con ganas que vengas a darte una vuelta por aquí, juntarnos, volver a tomar, y hablar seriamente de todas las huevadas poco serias que nos gusta conversar.

Hasta pronto.

lunes, diciembre 12, 2005

Go Gordis Go!!!

Ok, quizás era algo que todos esperaban, pero igual me pareció emocionante. Ver a la Gordis en su discurso post resultados, haciéndose la brígida como ya era hora que lo hiciese, fue genial. Porque está bien, quizás fue demasiado soberbia y un tanto puntúa, pero si quiere ganar en enero va a tener que ser así. Creerse el cuento, ponerse brígida.
Si ud. hace una búsqueda en los diarios, por lo menos on-line, ahora que ya pasaron las elecciones, no se sorprenda. Visite LUN. No es que le falten hojas al diario (ahora que lo podemos comprobar, con ese diseño asqueroso que tienen), sino que simplemente, y siendo bastante careraja, Las Últimas Noticias NO pusieron nada sobre Bachelete. Excepto que, y cito, “Triunfó a medias”, haciendo alusión a que no ganara en primera vuelta. Y si está ud. revisando El Mercurio, tampoco hace mucho escándalo. Aparte de poner en la portada que va a segunda vuelta, y una cuña de ella diciendo que le hubiese gustado ganar en primera vuelta, sólo entran en detalle en un análisis bastante parcial titulado “Bachelet no logra captar todo el apoyo de la Concertación” aludiendo a que tuvo 6 puntos menos que Lagos en las elecciones del 2001. Pero la joya no está ahí, sino cuando uno empieza a leer el análisis y sugieren que eso se debe, posiblemente, a que sea mujer, para terminar con “por eso, muchos, a lo mejor hoy, se preguntan si fue la mejor carta oficialista para esta contienda, donde el desgaste de tres gobiernos ya implicaba un alto riesgo.”. O sea, si van a perder, háganlo con honor.
O por otro lado, si van a empezar a hacer análisis tendenciosos, hablen de cómo Lavín juró (literalmente) que iba a pasar a segunda vuelta hasta hace sólo días.
Ud., mi querido lector, tal vez se esté preguntado si acaso ahora me las doy de periodista o analista político chanta. La verdad, es que no. Sucede, simplemente, que no me puedo quedar tranquilo viendo lo careraja que son algunos diarios. Ni siquiera The Clinic son tan frescos de raja, y eso que se asumen como un pasquín, y de hueveo más encima.
A propósito de la entrada anterior, sobre política, que suscitó cierto nivel de polémica entre algunos de mis lectores, prometo aclarar el porqué de lo escrito en otra ocasión, pero pronto.
Pero si sirve de algo, admito que me arrepiento de no haber votado por Lagos. Ni por la Gordi. Pese a que sean los únicos que hayan agradado entre todos los otros candidatos presidenciales.

jueves, diciembre 08, 2005

Elecciones

Criados para ser estúpidos,
Educados para no ser nada de nada
- Marilyn Manson, “I don’t like the drugs (but the drugs like me)”

Imposible aislarse del tema electoral. Menos aún cuando no quiero. Cuando mi espíritu de sociólogo frustrado, iniciado hace muchos años atrás por Bad Religion y ahora renovado e impulsado por mi maravillosa novia, se vuelve loco analizando y observando todos los detalles.
El destrozo reiterativo y generalizado de propaganda UDI me parece clamor popular. El hecho de que tengan más carteles que los otros tres candidatos juntos y que critiquen a Piñera por ser empresario (y aleguen que no tienen tanta plata como él, y que están solos) me parece patético. Ok, sé que van a decir que soy imparcial y que no puedo evitar atacar a la UDI. Pero la verdad es que ellos no hacen más dejármelo más fácil.
Hoy, un compañero de clases se mostró sorprendido cuando me preguntó y le contesté que no, no estoy inscrito, no voto. Probablemente porque soy el único que ando con The Clinic y que entiendo los chistes políticos de los profesores, se mostró sorprendido. Y hace un par de semanas, ante un comentario anti UDI de mi parte, otro de mis compañeros se mostró también sorprendido cuando, al decirme comunista, le dije que esos idiotas me caen igual de mal.
No es raro que no me comprendan. No sólo ellos, que son bastante más niños que yo. Sino que en términos generales. La mayor parte de la gente piensa que, al estar en contra de la UDI, soy automáticamente comunista. Y que por el contrario, al estar a favor de frases como “el trabajo dignifica” y cosas por el estilo, soy automáticamente de derecha. Tal estrechez de visión política no sólo tiene su explicación en que vivamos en un país muy polarizado en términos políticos, donde aquellos políticos que se declaran de centro no son más que hueones que tiran para donde les convenga, o son directamente espías de partidos extremistas. La explicación de fondo, es que nadie se interesa por la política.
Ahora, lo interesante sería averiguar el por qué.
La gente ignorante, cuando opina (y puta que son buenos para opinar, cuanto más ignorantes son, más hablan) lo hace basado en un montón de clichés. Y los clichés no son más que frases hechas, por gente supuestamente inteligente, que cuando son pronunciados entre gente que tampoco tiene el hábito de pensar mucho hacen que el locutor parezca muy inteligente. Como dice uno de mis personajes favoritos, “horseshit”.
En este tema de la política, los clichés más comunes son “todos los políticos son iguales, mentirosos y ladrones” y “no existe nadie honesto, el sistema no va a cambiar nunca porque todos son corruptos”. Y no nos olvidemos del más mencionado, “a mi no me interesa la política”. Más allá de que cualquier persona es libre de decir algo así, me parece que al hacerlo es también sumamente imbécil.
La política no es algo que hagan unos tipos empaquetados en ternos caros, que salen en la tele y que almuerzan por 10 lucas mínimo. La política es algo que se vive día a día. Estimado señor cliché: ¿De dónde mierda cree ud. que salen todas esas leyes laborales que le cagan el día? ¿Acaso piensa ud. que todas esas normas idiotas que le obligan a vivir su vida de cierta forma, nacieron del aire? ¿Qué cada vez que un banco o cualquier otra institución se lo caga, lo hace por algo personal?
No se equivoque.
Todas esas cosas, son política. Están relacionadas, reguladas o influenciadas por la política. El hecho de que ud. insista en que la política no le interesa no es más que la forma más descarada y grotesca en que lo han hecho hueón a ud. Al hacer que ud., en su cabeza, crea que el funcionamiento del mundo, de la sociedad donde ud. vive, y la política son cosas separadas es la mejor forma que tienen esos imbéciles, corruptos, ladrones y mentirosos de hacerlo hueón a ud., como quieran y cuantas veces quieran.
Cuando menos conciente sea de este hecho, más fácil es para ellos decir tonteras para que ud., que por alguna u otra razón está obligado a darles un voto, lo haga sin tener la más mínima idea de lo que está haciendo. Y todo porque ud., alegremente, comenta en alguna conversación casual en su trabajo o en una fiesta, “a mi no me interesa la política”. Por favor, la próxima vez que piense en decirlo, recapacite y no haga el hueón.
¿Qué por qué yo no voto si me importa tanto el tema?
Porque no siento que nadie me represente. Porque mientras el sistema binominal funcione va a ser muy complicado eso de que la democracia funcione; van a seguir los mismos de siempre en sus lindos bloques de poder que tanto les gustan, una especie de club de Tobi mucho más perverso.
¿Cuál es mi opción política entonces, ya que no me siento representado ni soy de derecha, ni izquierda ni centro?
La única idea política que me interesó alguna vez la mencionó un tipo que terminó siendo un genocida. Así que digamos que aún me lo estoy pensando.
Pero le insisto. No sea hueón. Ni dejen que lo hagan hueón.
Haga algo distinto en su vida, y piense para variar.

sábado, diciembre 03, 2005

Venganza Burguesa

“This is the first day of my last days”
Wish – Nine Inch Nails

Hoy me he dado cuenta que he logrado hacer de mis días de trabajo una inconciencia casi absoluta. Pasé 8 horas allá y apenas tengo recuerdos de un par de minutos. Como en Neuromante (libro de uno de mis autores favoritos, William Gibson) cuando Molly explica que para ganar dinero para hacerse los transplantes biomecánicos, trabajo en un prostíbulo en el cual le implantaban una especie de circuito cerrado neuronal. Hacía lo que fuese sin darse cuenta, su mente dormía. Al fin del día se sentía adolorida, pero con los bolsillos llenos de dinero.

La única diferencia con mi caso, y que no es menor, es eso de la parte de los bolsillos. Lamentable, pero cierto. Estoy harto de vivir todos los meses con 40 lucas, lo cual en realidad ni siquiera es cierto porque siempre termino el mes con plata prestada, para devolverla cuando recibo el cheque y volver a endeudarme a fin de mes. Y sé que me quedan por lo menos 6 meses más de lo mismo. Tan sólo espero no tener que pasar por lo mismo. De hecho, es por ello que estoy luchando.

Ayer fue mi último día de clases. Claro que en realidad, como siempre, no es tan así. Igual tengo que ir el lunes, terminar de entregar algunas cosas, cerrar promedios, dar exámenes. Para cuando todo termine, empiezo a trabajar unas 10 horas diarias, sin días libres, hasta el 24 de diciembre. Después, un par de días más de trabajo, y si todo funciona bien, tendré vacaciones. Cosa que necesito.

Y el fin se acerca.

De momento, no más clases. Al fin. No porque no quiera estudiar más, sino porque el instituto, en sí, me tiene chato. Hasta me deprime un poco tener que ir, de hecho. Tendré mi título. Ojala, una buena práctica. Se supone que después de eso, empiezo a vivir.

Eso es lo que deseo. Después de todo. Volver a vivir. Volver a salir, disfrutar de un fin de semana, de esos pequeños regalos mágicos que son los feriados. Pasarlo bien un viernes en la noche. Desde mi adolescencia odié los malls. Después de trabajar en uno, los detesté aún más. Hoy me di cuenta de que en realidad, espero algún día volver a un mall, un sábado por la mañana. Usted se preguntará porqué, después de haberlos odiado tanto. Yo le diré por qué. Por venganza. Por ver todo el asunto desde el otro lado. Por llegar, desayunar en el patio de comidas, comprar algo y estar de vuelta en casa antes del mediodía, con toda la tarde libre por delante. Una venganza burguesa.

viernes, noviembre 25, 2005

15 Años

Uno de los tantos comentarios que escuché en la radio, acerca de la visita de pearl jam a Chile, fue que el fenómeno de ventas de entradas se explicaba porque de un modo u otro, para muchísima gente de mi edad, pearl jam formaba parte de la banda sonora de nuestra vida. En concreto, de nuestra adolescencia.

Muy cierto.

Cuando escucho los primeros segundos de “The Ecstasy of Gold”, canción con la que Metallica abre todos sus conciertos, me emociono. Lo mismo me sucede con cientos de canciones que guardo celosamente en mi disco duro.
Ayer, en el recital de pearl jam me pasó lo mismo. Cuando empezaron con “Given to Fly”, con Porch, Animal, Alive, y especialmente, con State of Love and Trust y Rockin in a Free World. Porque más veces de las que puedo recordar, estuve solo en mi pieza, con la luz apagada, escuchando pearl jam, con esa inflatable guitarra imaginaria que tenemos todos aquellos que amamos la música pero somos genéticamente ineptos para aprender a tocar un instrumento, pasando los más malos que buenos ratos de la adolescencia.
En esa época (y aún ahora, en realidad) la música me ayuda a sobre llevar muchas cosas. No la música en general, la que escucho mientras juego o trabajo en el pc, o la que uno escucha cuando anda por la calle con los audífonos taladrando la oreja. Son grupos y canciones específicas, que ejercen en mí un cambio de ánimo de lo más positivo.
Y en cuanto a pearl jam, fui un fan atípico. Tanto Even Flor como Black, me terminaron por apestar. Y eso lo confirmé porque no me dieron ganas ni de cantarlas en el recital. Las canciones lentas y tristes de pearl jam no me producen tristeza. Las encuentro muy bonitas, pero no tristes. Los momentos depresivos y melancólicos de mi adolescencia, los sobrelleve con cosas como Blood, Dissident, Breath, y las otras que mencioné antes.
Lo mismo se aplica para el resto de los grupos por lo general. Creo que una de las pocas canciones lentas que me parecen tristes, es Speed of Pain, de Marilyn Manson. La que se lleva la palma en cuanto a canciones tristes, es Ticket to Ride de los Beatles. Y por alguna razón, Chop Suey! , de System of a Down, me parece profundamente triste.
El recital de pearl jam fue increíble. Y eso que tengo un problema con los recitales en vivo. Como estoy acostumbrado a escuchar música mientras hago otras cosas, cuando estoy en un concierto me distraigo y me pongo a pensar en otras cosas, en vez de centrar mi atención completamente en la música. También me pasa que, desde que dejé de ver videos musicales o más bien, dejé de conocer música a través de ellos, consiguiendo así rebelarme ante la tendencia audiovisual imperante (y con ello, encontrando una apreciación muy distinta a la música) me distrae el hecho de ver a la banda. Descubrí que cerrando los ojos sentía mucho más la música. Así que en mis partes favoritas, hice eso.
Y en una de las cosas que me puse a pensar cuando estaba en el concierto, creo que en algún punto entre State of Love and Trust y Daughter, fue en otra de las frases repetidas hasta el cansancio en las radios, “el recital que tardó 15 años en hacerse realidad”.
Hace 15 años, era un pendejo imbécil (ahora sigo siendo pendejo, pero lo de imbécil se me ha pasado un poco). No tenía idea de casi nada, creía saberlo todo, decía muchas estupideces y lo que es peor, creía en la mayoría de ellas. Ahora que ha pasado el tiempo, hablo menos y creo en más cosas. Y estoy tan seguro de mi propia ignorancia, que perdí en gran parte mi arrogancia, rozando a veces la inseguridad. Y en cuanto a la vitalidad de esa edad, la verdad es que nunca tuve mucha. Y no, mal pensados, no es que mis energías se fueran en el autoerotismo. Ahora no es que rebose de energía, pero tengo algo que encuentro que es mejor: determinación. Y disciplina. No demasiada, pero sí suficiente.
El pearl jam que tuve el placer de ver ayer tampoco se parecía mucho al de 15 años atrás, por lo menos el que aparecía en las actuaciones en vivo. Mucho descontrol, mucho grito, muchas ganas. Me gustó más lo que vi ayer. Después de 15 años, pearl jam toca más pesado, con más pasión, con un descontrol que apunta a dejar salir la fuerza, sin estropear la calidad. Y la calidad, fue impresionante.
Así que fue curioso ver que, realmente, crecí con ellos. Aunque dejé de escucharlos en serio después del tercer disco. Aunque, y me da un poco de vergüenza admitirlo, hasta se me olvidaron las letras de varias canciones.
Cuando era un pendejo imbécil, pensaba que con la madurez, uno perdía la fuerza, la pasión, y lo genuino. Ahora entiendo que en la adolescencia, uno no tiene nada de genuino. Tan sólo compra el producto de serlo, a través de los moldes que imponen empresas que venden esos productos de rebeldía. Ahora que ya tengo un cuarto de siglo, me siento mucho más yo que entonces. Con menos problemas existenciales. Y con muchas, muchas más ganas de vivir, que por aquel entonces.
Y eso, me parece bueno.
P.D.: No, este blog no está muerto. Gracias por el apoyo. Comprenderán que por un lado, tengo la mente en otras cosas con esto del fin de año y de carrera. Y que por otro lado, resulta un poco difícil escribir aquí pues uno siente que está hablando sólo con el mundo, como si nadie más lo leyera. Prometo no volver a cometer el mismo error, y muchas gracias por el apoyo.
P.D. 2: Hace un par de días, en mi foro favorito, publiqué el último cuento que he escrito. Si quieren revisarlo, acá está la dirección:

sábado, noviembre 05, 2005

In the End

Ok, lo siento, he faltado a mi palabra. Primero dije que iba a escribir todos los días. Después, que lo iba a hacer todas las semanas. Y ahora resulta que han pasado más de diez días sin que haya escrito de nuevo.

Mi excusa es simple, aunque no del todo aceptable: estoy cansado.

Llevo dos años viviendo entre mis estudios y mi trabajo. No podría decir que lo he hecho bien en ambos mundos, pero al menos me he esforzado para hacer las cosas decentemente. No ha sido fácil.

Ahora que estoy llegando al fin de estos dos años, me encuentro cansado. No sólo físicamente, aunque mi cuerpo ha estado haciendo cosas extrañas últimamente, como pasar por periodos de insomnio a periodos en los que me quedo dormido en todos lados. Es también un estado mental.

Uno de las sensaciones más desagradables que he sentido en este último tiempo, aparte del cansancio y la somnolencia crónica, es el miedo. El no sentirme lo suficientemente preparado para entrar al mundo laboral. La informática es un universo gigantesco, y por mucho que todos mis profesores me aseguren que nadie lo sabe todo, encuentro desesperante el saber tan poco. Claro, uno podría decir “bueno, porqué no estudias más”. Y en parte, tendría razón. Pero por otro lado, no.
Si bien es cierto que la informática, a diferencia de otras disciplinas, cuenta con millones (literalmente) de sitios de Internet donde aprender cómo hacer cosas, lamentablemente soy una de esas personas las cuales tienen que aprender de otros, y no de libros (o hipertextos, en este caso) por lo que me es muy difícil aprender de la red. Y por otro lado, si bien es cierto que podría haber pasado más tiempo en vez de estar jugando en mi PC, esto último ha sido algo vital para mi estado mental. Jugar es una de las pocas cosas que me permite enajenarme completamente del mundo, de mis jornadas laborales, de mis estudios, del cansancio, de todo lo que me molesta.
Sin embargo, esta inseguridad ha estado desapareciendo últimamente. Hoy, por ejemplo, uno de mis pocos profesores que realmente sabe de lo que está hablando, se puso a explicarnos (muy por encima eso sí) algunas cosas respecto al direccionamiento de memoria y el uso de punteros para acceder a la memoria RAM, y me sorprendí al darme cuenta de que después de todo entendía al menos el 90% de lo que estaba hablando. Y la última vez que alguien nos habló de arreglos y matrices, fue hace un año. O sea, quizás me han enseñado tan sólo pinceladas de informática, pero al menos se quedaron en mi cabeza.
El asunto que es siempre se me olvida que mi carrera es, en sí, una serie de pinceladas de distintas disciplinas informáticas. Que es natural que no sepa mucho de nada, aunque sepa algo de muchas cosas, porque la carrera está enfocada a ello. Lo que me deja tranquilo, es que al menos tengo la voluntad de aprender, el deseo de aprender. Tan sólo necesito un trabajo para ello.

La verdad, es que no creía que iba a llegar al final de mi carrera. Tampoco es que creyese lo contrario; simplemente no tenía expectativas al respecto. Y ahora que estoy llegando al final, me siento raro. Recuerdo una frase de una gran película, muy subvalorada, llamada “Del crepúsculo al amanecer”, de Robert Rodríguez. En ella, Harvey Keitel, en el papel de un sacerdote sin fé, le dice a George Clooney, ladrón y psicópata, “¿Acaso eres tan perdedor, que no te has dado cuenta cuando has ganado?”.
Me siento un poco así. Después de tantas caídas en la vida, me cuesta entender que estoy terminando. Y que pese a los contratiempos y pequeñas dificultades, todo indica que esta vez lo voy a conseguir. Y que lo único que me hace falta ahora, es terminar, conseguir una buena práctica, y un buen trabajo a continuación. Que al principio gane poca plata, que tenga que trabajar en horarios poco cómodos otra vez, que tenga que seguir estudiando por el resto de mi vida, me importa muy poco en este punto. Lo único que me interesa ahora, es terminar un ciclo y comenzar otro.

Así que es por esto, mi querido lector, que no he escrito últimamente. Se podría decir que tengo mi mente en otros asuntos. No es el calor lo que me ha hecho ponerme flojo; al contrario. La primavera me esta dando fuerzas, y esperanzas. Así que espero retomar, en cierta medida, el ritmo de escritura de este blog.

O sea, volveré…

jueves, octubre 20, 2005

El olor de los recuerdos


Antes de empezar, advertencia: El cansancio de fin de año que me produce tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo se ha intensificado últimamente. Por lo que este blog va a ser actualizado tan sólo una vez por semana, seguramente los viernes o los domingos.

La memoria es algo extraño. Se supone que todo lo que percibimos es almacenado en nuestra cabeza; desde las canciones que cantamos en Kinder hasta el último libro que leímos, palabra por palabra. Lo que sucede es que no siempre somos capaces de recordarlo todo. O sea, el cerebro humano carece de accesos directos, desfragmentación, y un Google personal. Y en la mayoría de los casos, sobre todo en el mío, tiene muy, muy poca RAM.

Muchas veces recordamos involuntariamente. Eso pasa cuando nuestra mente, de forma inconciente, asocia algo que percibe con un recuerdo almacenado. O sea, se encuentra con una especie de acceso directo.

Por alguna extraña razón, el verano y la primavera me traen siempre muchos recuerdos. Debe de ser porque odio el frío. Hoy llegó el calor a Santiago, de forma sorpresiva y bastante agresiva por lo demás. Entonces, recuerdo mis primeros meses en este país. Los últimos meses de colegio. La época en la que conocí a mi amada novia. Y a veces, mi infancia en España. Recuerdos felices.

Pero no es solamente (o exactamente) el calor lo que me trae recuerdos. Son los olores.

Mi madre se ha pasado toda mi vida retándome porque huelo el plato antes de comer. Lo que sucede, es que para mí los olores son muy importantes. Y son lo que gatilla principalmente la mayoría de mis recuerdos. Al parecer, mis genes me dieron una generosa nariz por otra razón aparte de que sirva para confundirme con un koala.

El calor del día me molesta tanto como a cualquiera. Bueno, quizás un poco menos porque crecí acostumbrado a tener que bañarme varias veces al día durante los meses de verano. Lo que realmente me fascina, son las noches. Cuando uno camina por la ciudad, con los árboles llenos de hojas y en manga corta, sintiendo esa agradable brisa cálida. Todo huele distinto en verano. Los olores se amplifican, y puedes oler los árboles, el pasto, y lamentablemente, a la gente también. Pero qué se le va a hacer.

jueves, octubre 06, 2005

Adulto Joven

Varias veces me he preguntado, seriamente, si acaso me quedé pegado en los 18.
Después de todo, sigo siendo un niño para muchas cosas. Sigo jugando (es más, cada vez con más intensidad) videojuegos, leyendo comic books, Dune sigue siendo uno de mis libros de cabecera, y debo admitir, sin vergüenza alguna, que sigo pensando que la mayor parte de la buena música del último tiempo nació o se desarrolló en los 90.
Otro de los grandes factores que me hacen sospechar de mi atoramiento de los 18 son mis amigos. O mejor dicho, la carencia de ellos. La gran mayoría de mis mejores amigos los tuve mientras estuve en el colegio. Los carretes mas memorables también sucedieron en esa época. Y la gran mayoría de mis anécdotas épicas me pasaron mientras estuve con ellos.

Entonces, me pregunto si acaso es algo tan grave.

¿Qué significa crecer, qué significa ser un adulto joven?

Trabajar. Ok. Lo he hecho, aún lo hago, y es mas, ansío la idea de seguir haciéndolo. Así que eso no sirve.

Sofisticación en los gustos. Ni cagando, así de claro. No pienso hacerme un experto catador de vino, ni ir al Bar Central, ni al Espacio Riesco. Menos cambiar mis discos de Marilyn Manson por los de Moby. Tener un auto, confieso que me atrae. Pero no me vuelve loco. ¿Kreouac? ¿Bukowski? Lo siento, pero no. Por el momento, seguirá siendo Stephen King, Lovecraft, Tolkien, y Pratchett. Los Dockers y las camisas Hilfiger o como se llamen, están muy bien, en mi opinión, como uniforme UDI. Pero definitivamente no para mí. Así que supongo que lo más sofisticado que voy a hacer será dejar los Belmont corrientes en caja blanda por unos Marlboro, y cambiar la Dorada por una Heineken.

Hijos. Si, me encantaría. No se si en plural, pero definitivamente me encantaría tener una hija, y que escuche metal. O un hijo, aunque creo que lo traumaría por mi adversión al fútbol. Ah, pero se me olvidaba, para ser un adulto joven, o una persona normal, mi hijo/a debería tener ahora por lo menos 3 años. Porque por supuesto, yo soy muy macho y no puedo usar condones. Y que importa que mi novia no haya tomado pastillas, si por una vez no pasa nada. Lo siento, pero al parecer somos demasiado fomes como para salir con un cabro chico antes de terminar la carrera.

Por otro lado, quizás no sea tan pendejo todavía. Si bien es cierto que suelo ahogarme entre tantos deberes, y que considero muy sabias las palabras de la doctora Grey (de la serie “Grey’s Anatomy) cuando dice “Responsability sucks”, de una forma u otra igual termino haciéndome cargo. Siendo responsable, siendo maduro.

Ni el sexo, ni las drogas me parecen tan, pero tan importantes como para desvivirme por ellos, o ponerlos como metas inprescindibles en mi vida. Claro que de pendejo, tampoco se puede decir que me haya vuelto loco por ello. Menos aún la vida de carretero autodestructivo. Cosas como aventuras, riesgos y todo eso son, en mi opinión, cosas que quedan muy bien en las películas gringas, pero no en la vida real.

Y después de todo, cuando veo MTV, me doy cuenta que no me pierdo demasiado de la música actual. No la desprecio, pero realmente toda esa onda hip hop y electrónica, todo el pop renovado, no fueron nunca para mí. Menos aún la estética, si mirar los diseños de los programas de MTV de ahora es como estar viendo un juego de Playstation 2. Y uno malo.

Nunca dejaré de ser un niño. Uno responsable y con gustos de viejo, pero un niño después de todo. No le veo nada de malo. Después de todo, si mi novia me ama siendo tal como soy, no lo debo de estar haciendo tan mal.

domingo, octubre 02, 2005

Money (no tengo)

Cuando estaba en el colegio las cosas eran más fáciles. O sea, en realidad no, pero ahora sí me lo parecen. Soñar con ser un escritor famoso, tener una vida feliz, que no me importase el dinero, pensar en filosofía y esas cosas. No parecía tan difícil. Pero lo es.
No era materialista. Y pensaba que eso era porque leía tantos libros sesudos.
Ahora, se que estaba equivocado.
No era materialista porque más o menos, tenía todo lo que necesitaba. Y aquellas cosas con las que soñaba, estaban tan lejos que simplemente lo tenía asumido.
A esa edad es fácil odiar a la sociedad. Porque es bastante horrible en su mayor parte. Y es fácil creer que se está fuera del sistema porque en realidad así es. Al menos en términos económicos, no se es más que un parásito del sistema, no produces nada. Ahora, pensar que se puede pasar toda la vida así, eso si que es estúpido. Es más, es imposible. Y estúpido. Pero uno no se da cuenta a esa edad, y para qué estamos con cosas, a los catorce se es bastante estúpido.
Ahora que han pasado varios años, me interrogué si acaso me había vuelto materialista. Después de todo le di la espalda a mis ideas humanistas. O quizás ellas me dieron la espalda a mí. El asunto es que me preocupé. La pesadilla de toda persona que madura, es convertirse en lo que más odiaba. Estoy bastante seguro que si mi yo de catorce años conociese a mi yo de veinticinco, lo odiaría. Y viceversa. Por lo tanto, durante algún tiempo, hace poco, me preocupo algo el tema. Después fui más razonable.
No por preocuparme de cómo voy a llegar a fin de mes (cosa en la que, por lo demás, suelo fallar miserablemente) soy materialista. No por querer comprarme libros, tener un buen computador y querer ir a recitales soy materialista. Sufrir irrevocablemente, todos los días y en cada minuto por no tener esas cosas sí me haría materialista. Ok, lo admito, mi escasez económica ante la llegada de Peral Jam y de NIN si me tienen un poco angustiado. Pero creo que lo superaré.
No hay nada más horrible que llegar al punto en el que tienes dinero para llegar a trabajar, pero no para volver. Me ha pasado un par de veces. Claro, siendo pendejo podía ser idealista, porque no tenía que pagarme casi todo. Es más, aún ahora no tengo que pagarme todo, pero si muchas cosas, y mi miserable sueldo no alcanza. Y eso me angustia. Intento que no sea así, pero no siempre tengo éxito.
Pero a pesar de todo, me di cuenta de que no soy materialista, que es lo que me preocupaba. No soy consumista tampoco. Simplemente quiero ciertas cosas no por el simple hecho de tenerlas (lo que me haría consumista) ni tampoco porque en ellas vaya a basar mi felicidad (lo que me haría materialista). Porque está bien, admito que un buen pc me haría feliz, pero no del todo. Sólo por un rato. Está bien, por un par de meses. Pero no es como para basar mi felicidad de vida en ello. Y mientras no llegue a ese punto, creo que estaré bien conmigo mismo.
Lo que sí tengo que admitir, es que no tener dinero es horrible. Apesta. Mucho.

martes, septiembre 27, 2005

Cosas de Hombres

Probablemente, una de las cosas que me delata como un viejo encerrado en el cuerpo de un adulto joven, es que ya a mis tempranos 25 hay cosas del presente que no entiendo. No es que alce la voz y diga “no entiendo el mundo de hoy” pero casi. Y la principal cosa que no puedo encajar en mi cabeza, es el hombre moderno.
Entendamos moderno como lo que ha sucedido en los últimos diez años, más o menos. Cuando gracias al destape gay de los ochenta, se permitió que los hombres fueran sensibles y sentimentales. Porque fue principalmente a eso que sucedió, con lo que no quiero decir que ser sensible sea ser gay. Simplemente, ellos empezaron a ser así y como no revelaban públicamente su sexualidad, la mujer vio un cambio que le agradó y empezó a exigir a sus parejas que se comportasen igual. Para cuando los que empezaron el cambio admitieron su sexualidad era demasiado tarde. La mujer quería hombres sensibles y cultos, hombres que no se pusieran como animales con su escote o con el fútbol y que fuesen capaces de compartir su mundo con ellos. Ahí fue cuando los ratones de biblioteca tuvieron su momento de gloria.
El hombre nunca fue el mismo desde entonces. Porque en el fondo, si es cierto que el hombre es sensible, lo que sucede es que es demasiado idiota como para enterarse de sus sentimientos, por lo que simplemente los ignora.
Cuando uno es niño, y sale de su casa para encontrarse con el resto del mundo, sucede que de pronto uno se encuentra ante un grupo de hombres. Y no importa en qué momento suceda algo así, porque invariablemente, ya existe un grupo formado. Y es entonces, en ese primer contacto, cuando se define como va a ser la cosa. A veces uno simplemente entra al grupo. Otras veces, se produce un antagonismo inmediato y espontáneo con el líder del grupo, lo que lleva generalmente a la división del mismo o a la formación de otro nuevo, con todos los nuevos que lleguen a partir de entonces. Y por último, está la opción del rechazo. Por ser demasiado pequeño, o demasiado alto, por ser muy gordo, por usar lentes, o por cualquier otra razón que generalmente es física porque como dije antes, el hombre es bastante idiota y no juzga más allá de lo que está a la vista.
Personalmente, pasé por la última opción en la mayoría de los casos. Porque esta integración a un grupo pasa muchas veces en la vida. Cuando uno sale a jugar a la calle, cuando entra al colegio, cuando pasa a la universidad, cuando llega a trabajar, etc. Así que mientras ellos se iban desarrollando en un curioso estado de personalidad grupal (lo que no es algo que diga como resentido, es un fenómeno psicológico ampliamente documentado) yo me sentaba lejos, leía cómics o algún libro, y los miraba sin comprender.
Por eso, quizás y en parte, es la razón de la que no entienda mucho a los hombres, siendo uno.
Han pasado muchos años desde aquel primer acercamiento, y si bien el resultado es que no entiendo al ser humano en general (o mejor dicho, lo entiendo, pero no lo comparto) el camino que ha tomado el hombre en este último tiempo me molesta.
Soy machista, lo admito. No de forma recalcitrante. No negando la igualdad de oportunidades, ni mucho menos negando que la mujer es superior al hombre en muchísimos campos. Soy machista por algunas cosas básicas, casi instintivas, que no puedo superar. A continuación las explico.
No puedo entender que un hombre escuche música romántica. Todo el día. Es decir, yo escuchaba a Camilo Sesto, a Serrat y a Perales, porque mi mamá los escuchaba. Y me gustan sus canciones; no todas, pero si varias. Pero eso no es ni remotamente mi género musical preferido. Sin embargo, he visto a muchos hombres que les fascina. Es más, en más de una ocasión he visto un camión, como por ejemplo los que reparten bebida o cerveza (y tenga en cuenta que el camionero es uno de los íconos masculinos) con la radio puesta, escuchando a Luis Miguel. O a Sanz. Pero aún, a Enrique Iglesias. Sencillamente, no me cabe en la cabeza. Y el mismo rechazo lo tengo con el Pop.
Tampoco puedo a entender a un hombre indeciso, que no sepa que hacer con su vida, que se siente a llorar y se queje de las injusticias del mundo. O sea, puedo entender eso cuando se trata de una etapa. No cuando se vive así por varios años. No puedo entender a un hombre que no tenga los cojones de tragarse la mierda que le tira la vida, agachar la cabeza y seguir caminando hacia adelante. Que sea incapaz de enfrentar las cosas.
Como creo haber dejado en claro antes, no es que apoye la imagen de macho recio. Porque si hay algo que me apeste en un hombre, es que se las de de matador con las minas. Mucho pero si mas encima se jacta de sus infidelidades. Porque eso si que lo encuentro de maricón. Porque son los primeros que se ponen a llorar y se les cae el mundo cuando su mina, su “oficial”, se los caga de vuelta. Y eso si que es patético.
Yo no me creo un modelo de masculinidad. Es mas, no me creo un modelo de nada, no es que pretenda dar clases de cómo ser hombre ni nada parecido.
Pero si soy un firme creyente de que un hombre debe que hacer lo que un hombre debe hacer.

miércoles, septiembre 21, 2005

"I can't believe the news today"

Marilyn Manson, en su disco Antichrist Superstar, escribió una canción llamada “Irresponsible Hate Anthem”. O sea, “Himno de Odio Irresponsable”. No estoy muy seguro de a qué se habrá querido referir con eso de irresponsable, pero el resto lo entiendo muy bien.

Eso es lo que siento cuando veo a los imbéciles de la UDI diciendo que no hace falta reconocer individualmente, faltas cometidas contra los derechos humanos durante el Régimen Militar. Porque por lo que yo pienso, cualquier persona que haya contribuído a la muerte, tortura o desaparición de cualquier persona debería estar pidiendo perdón de rodillas durante el resto de su vida y aún no sería suficiente. Y que tengan el descaro de decir que el hecho de que el Presidente Lagos haya pedido tal cosa hace que retrocedamos en cuanto a reconciliación se refiere, es lo que mas me emputece. Porque son ellos, con toda esa palabrería estúpida, los que impiden que haya algo remotamente parecido a reconciliación nacional.

Siento rabia, y odio, cuando veo que piden impunidad para Ratzinger en un juicio en el que es acusado de encubrir a un sacerdote pedófilo. Sobre todo cuando el pedido viene de la Iglesia Católica. Y más aún cuando esos hijos de puta, porque lo siento, pero cualquier persona que defienda o encubra un pedófilo merece ese apelativo, dicen que el juicio y castigo de tal cosa es asunto de la iglesia y que debe de ser tratado en secreto. Cuando sabemos que lo único que hacen es sacar al pedófilo del lugar y ponerlo en otra parte donde nadie lo conozca.

Señores UDI, señores de la Iglesia, y los junto porque les encanta ir de la mano, son ustedes unos hijos de puta.
Con perdón de las pobres prostitutas.

Politica 2

Todos los días, cuando voy caminando hacia mi casa, tengo la mala suerte de tener que ver la cara de Lavin. Y peor aún, la de Longueira. Eso tiene una explicación bastante clara, vivo en una comuna que dirige un UDI. Peor aún, las comunas que mas frecuento, que son Santiago Centro y Las Condes, también son dirigidas por UDI. Por lo tanto me he topado mucho con la cara de esos dos individuos. Mala cosa.

La cosa no mejora cuando escucho radio. Porque ahí tengo a Piñera, quien al parecer cambia los spots cada tres semanas, bombardeandome con jingles cada vez mas estúpidos.

Entonces me pregunto porqué diablos tanto escándalo.

Hace un par de dias, un periodista del 13, en su blogspot, denunció que Bachelet era puro marketing. Lo cual me hace bastante gracia, porque a diferencia de Lavin y Piñera, la gordi no me sale hasta en la sopa. Porque es el 13 y el Mercurio quienes llevan más de un año (espacialmente el Mercurio) haciéndole publicidad constante a Lavin, lo cual se entiende teniendo en cuenta que él es uno de los editores de ese diarucho. Afortunadamente, el señor Piñera aunque tiene un canal de televisión propio, se ha abstenido de hacer lo mismo, lo cual por último habla bien de él como persona.

Cuando veo todos esos afiches de la UDI, cuando escucho todos los spot radiales de Piñera, me surge una duda. ¿Creeran que nosotros, a quienes intentan llamar la atención, somos tan jodidamente imbéciles que por salirnos hasta en la sopa, pensaremos que son ideales para la presidencia?

Cuando aparecen avisos publicitarios de un producto nuevo, lo entiendo. Se llama promoción. Al dar a conocer al público tal producto, es razonablemente posible que uno piense en adquirirlo. Cuando un canal intenta renovar su imagen, o dar publicidad a un programa nuevo, hace lo mismo. No sé si será muy útil eso, pero por lo menos se dan a concoer. Pero un par de tipos que intentan ser presidentes de la república, publicitándose de la misma forma, me parece definitivamente idiota. Y más aún si piensan que así van a lograr que vote por ellos.

A la señora Bachelet, como ya mencioné antes, no le tengo demasiada confianza. No ha dicho mucho acerca de cómo piensa gobernan, aunque en realidad eso no importa mucho. Porque los otros dos, al igual que todos los políticos a lo largo de toda la historia, se han llenado la boca diciéndo que van a hacer cuando salgan electos y sin embargo nunca cumplen con nada. Así que por último, la gordi al no decir nada, no va a faltar a nada.

Uno se preguntará porqué diablos lidera las encuestas entonces. Fácil. Porque la gente desconfía de los partidos, y elige a personas. Y en ese aspecto, los otros dos candidatos dejan bastante que desear.
También es cierto que mucha gente se tira por Bachelet porque, inconscientemente, pensarán que ella va a gobernar diferente, por ser mujer. Probablemente así sea. Pero eso no quiere decir que sea para mejor.

A mi ella me agrada porque es el tipo de mujer que no acepta que la hueveen. Que sabe golpear la mesa, al igual que el señor Lagos, al igual que el señor Eyzaguirre, al igual que el señor Insulza. Uno ve al pobre Lavin, con esa cara de Millhouse que tiene, y se le hace fácil pensar que tiene menos aplomo que un gordo mórbido ante una mesa de cocktail. Y uno ve al señor Piñera y se le hace la idea que si le muestran plata, es capaz de hacer cualquier cosa. No en vano tiene un efectivo imperio empresarial.

Probablemente, la señora Bachelet salga elegida en las próximas elecciones.
Probablemente, eso será lo mejor.

Pero estoy hasta las narices de tanta campaña política. De que el parcito de idiotas se crean opinólogos y salgan ladrando cada vez que Lagos dice algo. Cuando mas tontera veo, menos creo que la gente. Y menos creo que sirvan para algo como presidentes.

viernes, septiembre 16, 2005

Pequeños Grandes Sueños

Hoy voy a quejarme. Así que si ud., mi querido lector, no tiene ganas de leer cosas tristes, cierre esta página ahora.

En realidad durante gran parte de la mañana anduve triste, pero después se me pasó. Hasta eso de las seis de la tarde. Cuando, caminando por la calle, vi a toda esa gente saliendo del trabajo, con esas simpáticas cajitas dieciocheras como las que dan por navidad, felices de saber que al día siguiente trabajarían hasta las dos, comerían un asadito o unas empanadas, y que si eso era poco, tenían tres días más para hacer lo mismo.

No tengo ningún problema con ver a la gente feliz. Pero si hay algo que enristece el alma, es ver la fiesta ajena.

No hablo solamente de la celebración del 18. No es que no me importe, por supuesto. Nadie en su sano juicio desperdicia un buen asado, ya que si bien es cierto que eso de la independencia le importa un carajo a la mayor parte del país, no sucede lo mismo con una buena parrillada. O unas empanaditas.

Estos dos últimos años han sido difíciles. Nadie dijo que trabajar y estudiar fuese fácil. Pero la verdad, no pensé que me iba a costar tanto. O sea, en realidad no es tan difícil; lo complicado viene cuando uno intenta hacer bien las dos cosas, durante los dos años. Y creo que he estado cerca de conseguirlo. Pero cuando ando achacado, me suele asaltar la vieja pregutna: ¿Para qué tomarse tantas molestias? Bueno, por un fin bastante simple, pero que me parece lo más importante en mi vida. Para tener una.

Mucha gente que he conocido se queja de una vida rutinaria. De tener un trabajo de 08:00 a 19:00, de tener que trabajar de lunes a viernes. Y aquí estoy yo, pelándome el trasero por conseguir algo así. Hoy leía en una entrevista sobre el desarrollo del país. Que apuntaba a una prosperidad fome, es decir, a ir creciendo de forma constante pero lenta. Yo estoy muy a favor de ese tipo de rutinas. Es más, opino que la aventura y el riesgo están sobrevalorados. De forma excesiva.

Y es, básicamente, por lo que Hollywood nos ha enseñado durante años. Película tras película, en una forma u otra, sin importar el género, se nos muestra que eso de lanzarse a la aventura y arriesgarse para ganarlo todo es el camino correcto a seguir. Claro, eso es muy fácil en las películas, porque siempre resulta. En la vida real, suele ser al contrario.

Yo sueño con una vida tranquila. Con poder pagar las cuentas todos los meses. Con poder tener un departamento en algún lugar desde el cual no tenga que viajar 2 horas en micro hasta mi trabajo. Con un trabajo, por lo demás. No uno que sea realmente importante, ni siquiera significativo. Simplemente, que me haga feliz. Sueño con tener una familia, sueño con poder pasar el resto de mi vida con la mujer que ahora amo. ¿Le parece fome? A mi no.

Porque al final, todas esas cosas de las que tanto hablan los psicólogos y los libros de autoayuda acerca de autocompletarse, sentirse pleno, darle sentido a su vida, fullfill your destiny y blablablabla, son cosas que uno hace por sí sólo. Y mientras tenga mis libros, mis historias, mi pc para jugar, voy a ser feliz. Ud. podrá contestar “ah, pero después vas a madurar y ya no vas a querer las mismas cosas”. Probablemente. Pero nunca dejaré de disfrutar de un buen libro, ni de una buena película.
Porque en tal caso, habré dejado de ser yo, y si eso sucede, no creo que nada más de lo que tenga a mi alrededor en ese momento vaya a valer la pena.

miércoles, septiembre 14, 2005

Tiqui Tiqui Ti

Sentimientos encontrados me suscita este mes del año. Sobre mi chilenidad, mi identidad.
Cuando llegué a este país, yo era prácticamente un español. Tenía 15 años, y tan sólo los primeros seis los había pasado aquí. Apenas tenía recuerdos. A pesar de ello, como mi familia siguió manteniendo varios elementos propios de su nacionalidad, y como siendo extranjero en España uno nunca puede ser completamente español, algo de Chile quedaba en mí. Fue sorprendente reencontrarme con todo eso cuando volví a mi país. Ahora, han pasado 10 años y me siento completamente chileno. Es más, como he podido comprobar, estoy más orgulloso de serlo que muchos de mis compatriotas.
Pero aún así, tengo ciertos problemas. Partiendo por la palabra patria.
Como cualquiera habrá podido notar, con tanta bandera y sombreros de huaso colgados por todas partes, con cuecas sonando por aquí y por allá, estamos en el mes de la patria. Nombrado así porque, como todos dicen, el 18 de septiembre es el aniversario de la independencia de Chile. Lo cual es completamente falso; el 18 de septiembre es el aniversario de la primera junta de gobierno. Fue como por febrero que se firmó la independencia, cuando los realistas perdieron su tonta lealtad hacia un país que los consideraba poco más que un pueblito al fin del mundo. Septiembre es también el mes del ejército. Y eso me incomoda, ciertamente. Supongo que habrá sido el infame General quien hizo coincidir ambas fechas, la verdad es que no lo sé con seguridad. Aunque en realidad, si fue así o no, me da lo mismo, lo que me incomoda realmente es esa unión entre patria y ejército. Evoca violencia, marcialismo, y un montón de cosas que no me gustan.
Mi forma de sentir la chilenidad difiere radicalmente con lo que ve uno por estas fechas. El traje de huaso, los juegos de campo, las cuecas, no significan nada para mí. Porque nací y me crié en la ciudad. Quizás para mucha gente que viene del sur, para muchos que crecieron en ese ambiente, tenga mas significado. Pero no para mí, y supongo que tampoco para las personas que viven en el norte, que son tan chilenos como uno. Porque no me podrá negar ud., mi querido lector, que un tipo con poncho y sombrero en pleno desierto de Atacama se ve considerablemente ridículo. Y en mi opinión, uno en pleno Ahumada, entre tanto edificio espejado y en medio de la multitud, se ve igualmente fuera de lugar. O sea, ni el traje de huaso, ni las cuecas, ni el palo ensebado son Chile.
La comida, al menos, sí se puede compartir. Y es lo que más me gusta de estas fechas. Aunque coma empanadas todo el año, y ciertamente parece que la mitad de la ciudad hace asados todos los fines de semana, como que este mes las cosas impulsan más el asunto. Y si en el fondo, no se baila ni se escuchan cuecas todo el año, ¿no será que esas cosas no son tan identificables con el chileno después de todo?
Yo escucho música chilena todo el año. Es más, varios estilos musicales, como el funk o el hip hop, que no me agradan por lo general, si me gustan cuando son interpretados por bandas chilenas. En gran parte, el mérito de esto radica en mi radio favorita, la Rock & Pop. La primera radio que empezó a tocar música chilena en serio. Hace ocho años atrás, era muy raro escuchar en otra radio canciones de La Ley, Los Tres, Lucybell, los Chancho en Piedra, o cualquier otro músico chileno que no fuera pop o romántico. Ellos empezaron. Ellos se merecen el nombre de “la radio del rock chileno”. Entonces vuelvo a preguntarme, si me siento más orgulloso e identificado con la música chilena actual, en vez de con cuecas y tonadas, ¿no será que esas cosas no son parte de la realidad diaria del chileno? Porque está bien, pueden quejarse de que la música de Los Búnkers o Fiskales Ad-Hoc son apropiaciones chilenas de estilos extranjeros. Completamente cierto. ¿Pero qué tiene de chileno lo que consideramos como tradicional? Prácticamente nada. Las comidas, la ropa, la música, todas esas cosas que insisten en presentarnos como iconos de la chilenidad, son en su mayoría herencias de otros países, de otra gente. Y por lo tanto, no se diferencian demasiado de las bandas que acabo de mencionar. Simplemente ha pasado tanto tiempo, y la gente se interesa tan poco por la historia, que no se han dado cuenta.
Lo que intento decir con todo esto, es que no porque no baile cueca soy menos chileno. No porque el rodeo no me parezca interesante soy menos nacionalista. Prefiero escuchar un disco de Los Tres, o ver una película como Machuca o Sexo con Amor, y eso me hace tan nacionalista como cualquier otro. Pienso que la identidad de Chile es tan confusa, tan indefinida, porque intenta basarse en cosas que no son comunes a la mayoría de nosotros. Más que identificarnos, nos excluyen.
Y así, definitivamente, no se construye una patria.

lunes, septiembre 12, 2005

11 de Septiembre

Otra vez escribo sobre política. Lo cual, dado la fecha que es, no es raro del todo. Sólo que desde hace cuatro años, el día se vuelve importante de forma internacional también. En fin, vamos por partes.

Soy de aquellas personas que jamás conocieron la UP. Nací en el ’80, siete años después del golpe. Mucha gente piensa que por eso no tengo derecho a opinar sobre esa época de mi país, porque no lo viví. No importa, mucha gente está equivocada; este es mí país y sólo eso me da el derecho a opinar sobre él.

Uno escucha a gente diciendo que el país no se podía sostener más, que era necesaria la intervención. Y después lee documentos donde se detalla que la situación del país empeoraba por la intervención de los gringos. Y luego lee que Allende no tenía ni idea de lo que pasaba y que el tipo era casi un santo. Y lógico, uno no sabe que pensar. Excepto lo siguiente:

1.- Que los militares están para defender a la gente, no para perseguirla, torturarla y asesinarla. Eso los deja al mismo nivel o peor que a quienes persiguen.
2.- Que el comunismo es una idea genial pero que en la práctica, es un asco. Y eso lo ha demostrado la historia.
3.- Que los gringos meten sus narices donde no les importa constantemente desde hace la tracalada de años.

Y finalmente, que todo salió mal. Muy mal.

Uno podría pensar que el 11 de septiembre de 1973 dividió el país en dos. Lo cual, en mi opinión, es un error. Porque el país siempre estuvo dividido en dos, desde la independencia en adelante. Probablemente el problema es que el quiebre que produjo el golpe militar fue mucho mas violento. Y es más reciente.

El asunto es que ver a todas esas viejas, y a Moreira, llorando por su General, diciendo que fue un santo, y recriminando al país haberlo abandonado, me da rabia. Ver a todos esos comunistas con tv cable, banda ancha y autos nuevos santificando a Allende también me da rabia. Pero nada me da mas rabia como la manga de delincuentes haciendo barricadas, tirando molotov y disparando a los pacos simplemente porque sí.

Mucha gente aún piensa que está viviendo en la dictadura. Son gente prepotente, que le gusta censurar y prohibir lo que ellos juzgan que es incorrecto. Es gente que piensa que por tener un poco de poder puede hacer lo que quiera. Lamentablemente, mucha de esa gente pertenece a la policía o al ejército. Y sobre todo, el empresariado. El problema no va tanto con la idea política que tengan, sino por su falta de respeto por la vida humana. Y por una estúpida noción de creerse los elegidos.

Pinochet y su obra también me da rabia. Pero me parece peor la gente que lo defiende pese a las pruebas irrefutables de que fue un tipo que además de mandar a matar, torturar y mutilar gente, le robó al país. ¿Será que quienes lo defienden se beneficiaron de este robo?
Es más, debo añadir que me molesta que la gente lo haya abandonado después de haberlo enaltecido. Y me molesta de sobremanera que lo hayan abandonado no después de saberse todos los crímenes contra la humanidad que provocó y promovió, sino que haya sido después de sus escándalos financieros. Porque a uno le da la impresión de que a esa gente le importa más la plata que las personas, y eso es algo bastante horrible con respecto a ellos.

Por otro lado, están los gringos. El ataque a las torres gemelas me produjo un asombro increíble, posiblemente porque fui una de las tantas personas que vió la colisión del segundo avión en vivo. No puedo decir que sienta pena por los americanos. Si siento pena por las personas que perdieron a sus familiares allí. ¿Cuál es la diferencia? Me dan pena los niños que perdieron a sus padres. Pero no los americanos que eligieron a un presidente (y que en el pasado también lo hicieron) que piensa que tiene el derecho de meterse en los asuntos de otros países y jugar con ellos. Porque el golpe de estado en Chile se consiguió gracias a la ayuda del gobierno americano, quienes por lo demás promovieron muchísimos otros golpes de estado en latinoamérica y en varios otros países del mundo. O sea, ellos promovieron el terrorismo en otros países, así que no pueden quejarse de que ahora el terrorismo los haya atacado a ellos. Después de todo, una nación se merece al presidente que eligen.

Lo más despreciable que tiene la política es que cuando se mezcla con la violencia, arrastra a un montón de gente que nada tiene que ver con el cuento. Eso sucede cuando a alguien se le ocurre que tiene algún tipo de misión en la vida que lo pone por encima del resto de las personas y que por ello se cree con derecho a usarlas, y matarlas.

Pienso que como país, seguiremos divididos. Mientras haya gente tan fanática que contamine a sus hijos en lugar de dejar que ellos mismos decidan, informándose, conociendo la historia de su país. Ellos son los culpables de que haya tanto pendejo tirando bombas molotov en días como hoy. Y también son responsables de que niños que ni siquiera han salido del colegio anden hablando de su santidad el general y su santidad Allende.

Y esa gente, es la que me da mas rabia.

domingo, septiembre 11, 2005

La epidemia de la tontera

Mi tía cumplió el miércoles pasado 70 años. De todas las personas que conozco, probablemente ella es la mas asombrosa. Principalmente, por lo normal que es. Cuando uno la ve recuerda esas abuelitas alemanas que aparecen en los cuentos, esas que se sientan en una mecedora a tejer chalecos, escuchando música clásica con una taza de té. Bueno, en realidad mi tía hace eso. El asunto es que no solamente hace eso. Entremedio se las arregla para dirigir una empresa, malcriar a sus dos nietos, y hacer una base de datos de sus libros, que son aproximadamente 350. Y los ha leido todos. Lo cual nos lleva a otro hecho interesante acerca de ella. Lee en español, alemán e inglés. Y por lo que recuerdo, en su juventud también podía leer en italiano y francés, aunque dice que ha perdido la práctica.
Al verla, nadie diría que una persona fuese capaz de hacer tantas cosas. Y hacerlo todo bien. Ah, y toca piano, de paso. Cuando uno la mira, sentada en Tavelli del drugstore nadie imaginaría que esa tierna viejita pasó años con sus pies hundidos en el barro recolectando zanahorias en su parcela, ni que antes de eso vivió varios años en Alemania, donde además de aprender el idioma aprendió dos dialectos. Tampoco podría uno adivinar que conoció toda sudamérica mientras viajaba con un circo, donde su marido hacía los trucos eléctricos del mago.
Realmente, mi tía es una mujer asombrosa. Lo que me hace pensar, ¿por qué diablos no podemos hacer todas esas cosas? En mi caso, trabajo y estudio. Y apenas me la puedo con eso. ¿Qué meritos tengo? Bueno, aprendí un inglés bastante avanzado casi solo, puedo leer mucho, pero nada mas. Con el simple hecho de saber que mi tía hizo todas esas cosas que dije mas arriba y además fue ama de casa y crío a un hijo, mis méritos quedan reducidos a la nada misma.
No me siento particularmente amargado por el hecho. Ni envidioso. Simplemente, me asombra.
Siento ganas de hacer miles de cosas. De estudiar, aprender, leer, ver cosas, experimentar, de vivir. Creo firmemente en que cada experiencia conlleva una lección. Pero entonces me pregunto acerca de mis experiencias. Y en realidad no han sido muchas. O mejor dicho, si lo han sido, pero todas demasiadas parecidas. No creo que tenga que recorrer el mundo para que sean distintas. Pienso más bien que las exigencias de nuestra vida, donde pasamos más tiempo trabajando que viviendo, nos hacen caer en una monotonía peligrosa que insensibiliza. Pero al mismo tiempo, la única solución posible a esa monotonía es hacer cosas. Lo cual nos lleva a un círculo vicioso. Y sin embargo, veo a mi tía llegar a sus 70 años haciendo todas esas cosas, con toda su historia a cuestas, y pienso en qué diablos nos pasa.
¿Qué nos ha sucedido, entendiendo ese “nos” como raza, como para que cada vez hayan menos individuos así? Porque uno podría decir que en realidad siempre hemos sido así, y cuando alguien escucha hablar de alguien multidisciplinario es simplemente que los recuerdos acerca de esa persona han sido exagerados con el paso de los años. Pero mi tía está viva, la he visto hacer todas esas cosas, y sé que son ciertas. Sin embargo, cuanta más gente conozco, menos habilidades tienen. ¿Será la tele? ¿La educación? ¿El agua?
Cada vez es más común ver a gente que con suerte puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Gente que pocas veces se dedica a algo más que su trabajo. Y generalmente, esa otra cosa es ver tele. Está bien, la gente ya no lee demasiado. Tampoco hace muchas cosas manuales, como tejer, pintar y esas cosas. Pero el problema no es tanto eso. El problema es que miran mal a quienes lo hacen. El gran problema de la ignorancia, es que genera intolerancia. No sabría explicar exactamente porqué sucede así, pero es un hecho. Y la gente ignorante desprecia a la gente que no lo es tanto. No sé bien porqué, pero probablemente sea porque de un modo u otro se sienten estúpidos frente a ellos, pero no hacen nada por ser más inteligentes. Y cuando son muchos los ignorantes, despreciando a los pocos que no lo son, suelen ganar. Por presión social. Sobre todo cuando eso le sucede a un niño, quien como es normal, no ha desarrollado lo suficiente su personalidad como para que no lo pasen a llevar.
Eso me parece grave.
Peor aún, no me parece solucionable.
¿Cuál es la gracia de ser bruto? ¿Dónde están las razones por las cuales vivir? Porque si uno no tiene el hábito de pensar, de reflexionar, y vive simplemente su vida día a día, ¿Cuáles son sus metas? ¿Cuál es la razón por la cual vivir? ¿Comprarse cosas? ¿Emborracharse todos los fines de semana viendo fútbol?

Admito que cuando uno empieza a leer, a reflexionar, a aprender cosas, tampoco llega a la felicidad. Como dice uno de los personajes de “The Matrix”, la ignorancia es una bendición, al menos en ese aspecto. Pero lo que sí sucede es que ve las cosas desde un punto de vista más amplio. Uno aprender a sentir con más intensidad. Y por lo tanto, cuando uno disfruta algo, el sentimiento es más fuerte.
O quizás esté equivocado. El problema es que nunca he conocido a una persona ignorante que haya escrito acerca de sus metas, sus razones por las cuales vive, y el sentido de su vida.

viernes, septiembre 09, 2005

Politica

Cuando tenía 20 años, era un joven chileno promedio. O sea, me importaba un carajo la política, no estaba inscrito, no me interesaba en lo más mínimo la historia de mi país, y ni siquiera agarraba un diario. Mi gran amigo Mario, a quien ya he mencionado con anterioridad por aquí, me hizo cambiar de opinión. Me hizo leer algo de historia, me ayudo a entender los diarios sin reirse demasiado cuando le preguntaba quien era tal o cual persona. En mi opinión, ese hombre debería hacer clases de eso en todos los colegios del país. O al menos, alguien debería hacerlo.

Ahora me informo, por lo menos. Leo diarios, veo noticias. Entiendo algo de lo que pasa. Sigo sin estar inscrito, eso sí. Y a menos que cambien el estúpido sistema binominal, seguiré sin inscribirme.

Así que me voy a mojar el potito, y voy a hablar de política. Y como dijo un gran cantante una vez: “here it fuckin goes”.

Estoy chato de la derecha. Porque si bien mis ideas respecto al ser humano y la sociedad son levemente izquierdosas, apoyo muchas de las cosas que son consideras de derecha. El único problema es que la derecha de este país no concuerda en absoluto con ellas. O sea, creo en la idea de nación, en intentar educar, capacitar y mejorar a los chilenos para hacer un mejor país. Sin embargo, la derecha habla de privatizar, pero no para los chilenos, sino para inversores extranjeros. Porque ellos tienen mas plata. Porque así se llenan los bolsillos, y les importa un carajo el país. Y se dicen nacionalistas. Su idea de país es ridícula. Su país imaginario existe de Escuela Militar para arriba. Hablan de los valores de la familia, del Chile católico, de un bienestar basado en autos y casas, y fines de semana en el mall. Ellos no quieren que la clase media y baja mejoren, ellos quieren que sean como ellos. Pero Chile no es así. Chile está lleno de familias unicelulares, es el país de las madres solteras. Basta darse una vuelta por la periferia para ver que los evangélicos andan haciendo nata, y la verdad es que los que conozco son mucho mas liberales y agradables que los católicos. La derecha intenta incendiar la conciencia social mostrando en sus noticias robos, asaltos, violaciones, asustando a la gente para que compre seguridad, para que venda su libertad, para construir cárceles más grandes y llenarlas de gente. Hace más de un siglo que cualquier persona que haya leído al menos un par de lineas al respecto sabe que las cárceles no son una solución, son un problema. Son universidades para un criminal. El que entra por robarse un celular sale sabiendo como robar un banco. El que entra por asalto con violencia sale sabiendo matar. Y sin embargo, insisten en toda esa tontera.
Hoy leí un artículo, bastante viejo eso sí, donde Patricio Navia dice que Lagos privilegió su propia persona por sobre la Concertación. Me parece fantástico, porque la Concertación está formada principalmente por una manga de políticos idiotas que están más preocupados de ser famosos y tener poder, que de hacer algo útil por el país. Lagos quizás no habrá sido perfecto, pero ha sido lejos lo mejor desde la supuesta restauración de la democracia. Cuando Navia critica a Richie Lake por no haber cumplido lo que dijo respecto a que iba a ser el gobierno que más cambios realizara en la historia de Chile, el pelotudo lo compara a Pinochet, diciendo que no pudo superarlo en cuanto a cambios profundos que realizó en el país. ¡Por la misma chucha, si el tata colores pudo hacer lo que le dio en gana con el país porque no tenía oposición para hacerlo, y eso no lo hace un mejor gobernante! Si toda la oposición que pudo tener la había exiliado, matado, o torturado. Richie Lake por lo menos sacó a los senadores designados. Le dijo que no al psicópata alcoholizado de Bush, en circunstancias que estoy segurísimo que Juaco hasta hubiese mandado algunos pelaos a Irak de haber salido presidente. Y eso me parece fantástico.

Sigo sin creer, al igual que cuando tenía 20 años, que los políticos piensen realmente en ayudar a alguien que no sea a ellos mismos. Pero si creo que al menos, algunos de ellos de vez en cuando ayudan a alguien y hacen algo bueno por el país, como efecto colateral.

Hoy, en el diarucho “El Otro” (y digo diarucho no porque menosprecie el contenido, lo que menosprecio es la cantidad de hojas y por supuesto, como todos, el formato) alguien escribió en algún lado (perdonen la inexactitud, pero tengo demasiado sueño como para ponerme a revisarlo) que teniendo en cuenta la seguidilla de traiciones, movimientos raros y chanchadas varias que se han visto en la derecha este último tiempo, cabe pensar en que si se hacen eso entre ellos, qué se podría pensar de lo que harían a sus enemigos. O, en mi opinión, con el resto del mundo.

No creo que la izquierda, o la concertación, sean mejores. Pero frente a los tres candidatos presidenciales, tengo una opinión bastante clara.

El señor Lavín me produce desconfianza. Por cómo traicionó al tata colores para salvar su imagen. Por el estado en el que dejó la comuna de Santiago, la cual frecuento y por lo tanto, baso mi opinión no en lo que digan que hizo o no, sino simplemente en el estado en el que se encuentra. Porque un Opus Dei me produce no solamente desconfianza, sino que además urticaria. Porque sencillamente, no me representan, y no creo que representen a nadie a estas alturas. Y porque sus ideas pasaron ya de ser estúpidamente populistas a ser simple y llanamente estúpidas.

El señor Piñera también me produce desconfianza. Porque siempre que ha habido algún movimiento turbio con tintes mafiosos en la política, el aparece en algún lado. Pero básicamente, porque no creo que un empresario pueda ponerse del lado del trabajador. Y eso lo digo por experiencia propia, por trabajar escuchando lo que dicen los dueños y viendo que la realidad es completamente distinta, y que ellos, al auto aislarse del perraje, les hace hacer cosas cada vez más estúpidas. Viendo como se pasan por la raja los derechos del trabajador para su propio beneficio.

A la señora Bachelet tampoco se puede decir que la vea mejor. Básicamente porque he visto que ha hecho buenas cosas como ministra, pero la presidencia es algo mucho mas complejo. Y si bien confío en sus capacidades, la gente de su partido no me produce confianza, y la forma rastrera en la cual la van a atacar desde la oposición (como ya lo vienen haciendo desde hace rato) me preocupa un poco. O sea, no son bacheletista, pero por último la veo más clara, más inteligente y mejor parada que al otro parcito. Primero, por tener la personalidad para tirarse como candidata en un mundo político donde la mayoría de las mujeres están de adorno. O de carnada. Y segundo, por razones personales, y no políticas. Porque una mujer que haya salido adelante después de vivir en carne propia la época más vergonozosa que ha tenido este país, merece todo mi respeto y admiración. Ella misma ha dicho que no va a ser un Lagos 2. Me parece bien. Pero lo que sí me gustaría, es que siga con ese gobierno personalizado. Porque en ella, como persona, sí confío.

Alguien podría decir que por no votar, no puedo opinar. Eso es estúpido, si fuese así todos los comentaristas de fútbol tendrían que haber sido futbolistas, los comentaristas de literatura tendrían que ser escritores consagrados, y así sucesivamente. La gracia de estar en una democracia, aunque no tenga demasiado de esto, es que uno puede opinar. Y la gracia de publicar en un blog, o en cualquier medio que ofrece internet, es que se puede opinar libremente.
Es más, la gracia de no estar en una dictadura, es que por muy estúpida que me pareciese esa opinión, la respeto igual.

miércoles, septiembre 07, 2005

El ególatra ilustrado

Desde que empecé este blog, cada vez que he escrito algo ha sido porque durante el día, he estado pensando en qué iba a escribir. No puedo decir que le dedique demasiado tiempo, honestamente. Simplemente, hago el ejercicio de buscar un tema sobre el que quiera hablar, y me pongo a pensar en qué decir al respecto. Si no tengo nada interesante que escribir sobre ello, simplemente lo desecho y busco otro. Este, por ejemplo, es el tema que escogí entre tres de los cuales pensé hoy. Ese es precisamente el ejercicio que buscaba conseguir a través de escribir un blog, desarrollar cierta disciplina al escribir. No quedarme sentado, esperando a que las ideas golpearan mi cabeza.

Sucede que cuando recién empecé a escribir, me guiaba por ese proceso. Es por eso que en casi diez años sólo he escrito cinco cuentos. Tenía no sólo la opinión (muy idealizada, por lo demás) de que aquello que escribía debía ser fruto de la inspiración pura, y sólo debía escribir cuando esta me llamara. Y cuando esto sucediera, y terminara algo, debía quedar así, no “estropearlo” con correcciones. Si ud. me lo pregunta ahora, pienso que es una idea bastante estúpida.
Como ya lo mencioné una vez, existen dos grandes escritores (que no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro, excepto, quizás, en que ambos son mucho más pragmáticos que idealistas) que me dieron un importante consejo a la hora de escribir. Nietzsche, en El Crepúsculo de los Idolos, si no me equivoco, dice que si se ha de escribir, se ha de hacer con la sangre. Stephen King, entre los muchos consejos que da en su libro “Mientras Escribo”, dice que siempre hay que corregir lo escrito, básicamente porque cuando uno está en pleno orgasmo creativo (que es la única expresión que creo se ajusta al momento en el cual uno tiene una idea que le parece fascinante, y se pone a escribirla) suele desarrollar la idea de forma atolondrada, y eso se ha de corregir. Escritores pragmáticos, consejos pragmáticos.
Escribir no es tan fácil como parece. No porque a uno se lo hayan enseñado desde la básica, quiere decir que pueda realmente escribir. Para ello, es necesario ser capaz no tanto de tener una idea, sino de que esta sea muy clara, y más importante aún, que al escribirla se entienda, y se haga comprensible para cualquier persona que lo lea. Porque no importa lo buena que sea tu idea, si otra persona no puede entenderla una vez que la hayas escrito, no sirve de nada.
Y para estas alturas, querido lector, se estará preguntando ud. porqué tomarse tantas molestias para escribir, si resulta algo bastante complejo en el fondo. La respuesta, es muy sencilla. Nosotros, los que escribimos, somos ególatras. Y para satisfacernos, debemos escribir, y saber que nos leen.
En lo personal, no creo que exista nada malo en ser un poco egocéntrico. En cambio, el narcisismo si que me parece mal, y se les confunde a menudo. El egocéntrico es una persona con una autoestima bien desarrollada. Algo que, por lo demás, no es tan común en este país. Está lleno de gente que se jura el hoyo del queque, es cierto, pero en la mayoría de los casos son personas que se creen el cuento porque por dentro, su inseguridad se los come con zapatos. Personalmente, no me parece la mejor forma de combatir la inseguridad.
Yo escribo porque me gusta hacerlo, eso se lo puedo jurar de guata. Pero si lo publico, es simplemente por egocentrismo. No tanto porque quiera que todo el mundo me diga “oh, que bien escribes”. No puedo decir que eso no sea agradable, porque sería un hipócrita. Es más, si escucha a algún escritor del medio que sea, diciendo algo así, golpéelo sin piedad. Se lo merece. Yo publico lo que escribo porque pienso que lo que digo es interesante. O sea, me tengo fé. O sea, soy ególatra.
Actualmente, esa palabra se considera algo fea. Eso me recuerda siempre una descripción que William Gibson hace de un personaje en su libro “Mona Lisa Acelerada”. Dice algo así como “era un tipo absolutamente ignorante, y que por lo tanto, odiaba a todo aquel que pareciese saber un poco sobre algo”. A la mayoría de la gente le molesta la gente egocéntrica porque estas personas sienten seguridad sobre lo que dicen, y lo más importante, se sienten seguros de sí mismo. Se confunde, e insisto en este punto, el egocentrismo con el narcisismo. La diferencia radica en que un ególatra se centra en sí mismo y a partir de eso ve el mundo, todo en relación a él, y se satisface destacando en algo. El narcisista, piensa que él es perfecto, y que todos deberían adorarlo como el dios encarnado que es. Siendo este un país que no le gusta que otros destaquen, es comprensible que ambos caigan en el mismo saco y se les odie por igual. Sin embargo, a menos que uno se tenga fé y no sólo se crea bueno para algo, sino que además se esfuerce en serlo, va a llegar a muy pocos lados.
Confieso que mis intentos literarios han sido sumamente tímidos. Eso es porque, estando enfocado sobre mí mismo, soy sumamente autocrítico. Y caigo en el error de compararme con los escritores que leo. Eso es lo peor que uno puede hacerse, porque se caga antes de empezar. Pero al mismo tiempo, es un tanto inevitable. Por ejemplo, si un niño agarra una pelota y se pone a jugar, y se compara con Ronaldo, obviamente va a pensar de si mismo que es patético con la pelota. Va a intentar hacer las mismas cosas que él y va a fracasar miserablemente. Supongo que eso sucede porque este momento histórico se caracteriza porque lo queremos todo, y lo queremos ahora. Gran defecto de nuestros tiempos. Lo bueno, tarda en madurar. Lo mismo me repito una y otra vez cuando leo lo que escribo y me parece horrible.

Pero me tengo fé. Si no, no estaría publicando esto.

martes, septiembre 06, 2005

En la ciudad de los vivos muertos

Esta noche, mientras caminábamos con mi novia para comprar cigarros, pasamos delante de una casa con flores blancas. Como crecí en esta ciudad, no tengo ni idea de cómo se llama esa flor, sólo se que huele maravilloso. Y entonces, recordé cuándo fue que sentí ese olor por primera vez.

Cuando estaba en el colegio, más o menos en segundo o tercero medio, empecé a salir por la noche con amigos. Como todos los primeros carretes de nuestra adolescencia, eran absolutamente aburridos y patéticos. Sé que hay gente que dirá lo contrario, pero en mi defensa debo decir que por esa época ni tomaba ni fumaba, por lo tanto y a diferencia de mis supuestos opositores, puedo afirmar que al menos siempre tuve mis cinco sentidos intactos como para apreciar la calidad de esas fiestas.
El asunto es que, como nunca tuve mucha plata, me tocó caminar mucho en esa época. Cuando uno se encuentra carreteando en la zona oriente de esta ciudad, la cual fue diseñada probablemente por urbanistas agringados que la hicieron para los autos y no para la gente, se encuentra con dos grandes problemas, cuando no se tiene mucha plata. La primera, es que todo queda lejísimos cuando se trata de caminar. O sea, cualquier cosa o punto estratégico se encuentra como mínimo, a diez cuadras. Lo segundo, es que las calles, a eso de las dos o tres de la mañana, están llenas de taxis, pero no de micros. Por ningún lado. Resumiendo, caminé muchísimo.

Probablemente desde esa época que me gusta esta ciudad, de noche. O sea, me encanta esta ciudad, pero me gusta mucho más de noche. Cuando la gente está dentro de sus casas y no hay autos haciendo ruido en las calles. Sobre todo en el verano, donde uno puede caminar sin andar con la mitad del closet encima. Es también en ésa época del año cuando los árboles están llenos de hojas verdes, y las flores tienen olor. Un olor que de día no se siente con la misma intensidad que durante la noche.
Durante las noches de verano en Santiago, pasan muchas cosas raras. Uno ve a gente caminando a esa hora, igual que uno, pero claramente en asuntos muy distintos, escucha gemidos sexuales que vienen de piezas iluminadas a eso de las cinco de la mañana, ve a borrachos haciendo escándalo, autos que creen que Bilbao después de las doce se transforma en la Indy 500, y varias cosas que ya no recuerdo.

Lo que si recuerdo con claridad, es haberme sentido bien. No tiene mucho que ver con la edad; si bien es cierto que cuando uno es adolescente no tiene tantos problemas, entiéndanse estos como llegar a fin de mes, pagar las cuentas, mantener tu puesto de trabajo y esas cosas, uno tiene una enorme cantidad de preocupaciones que para la edad parecen igualmente importantes. Y de hecho lo son. Si ud., querido lector, no tiene mala memoria, podrá recordar de aquella época problemas angustiosos y horribles tales como “si ella me miró todo el recreo, ¿será porque le gusto? ¿o porque me encuentra tan raro que me observa como si perteneciese a un circo?” o “¿de dónde voy a sacar una luca para el carrete de mañana?” o tal vez “¿para cuando era la prueba de química?¿este lunes o el próximo?”. Por lo tanto, me inclino a pensar que esos buenos recuerdos no tienen que ver con la falta de preocupaciones adultas. Por el contrario, pienso que esos recuerdos son buenos por una sencilla razón, me sentía libre.

Siempre me gustó estar solo. Pero es muy distinto estar solo encerrado en tu pieza un sábado en la noche a las tres de la mañana, a estar solo a la misma hora, el mismo día, después de venir de un carrete.
Porque pese a que nunca me fue bien en ellos en términos de diversión o conquistas amorosas, al menos uno se sentía menos raro, menos apartado, después de haber estado en compañía de alguien. Y siendo honestos, no siempre lo pasaba tan mal.

Porque cuando caminaba por Santiago durante el día, después de salir del colegio, me sentía insignificante entre toda esa gente. Andar de uniforme entre gente adulta suele producir ese efecto. Pero caminar por Santiago de noche, cuando no hay nadie y las calles son para ti sólo, y puedes ir por la mitad de Carlos Antunez sabiendo que ni siquiera un auto te va a hacer desviar, es una sensación muy agradable. Es como si la ciudad te perteneciera.

Porque el viento cálido del verano a esa hora es lo mejor, sobre todo después de lo sofocante que es esta ciudad durante un día cualquiera de febrero. Y es mejor aún con el olor de esas flores blancas en el aire.
Porque cuando uno camina durante una hora, solo, se tiene mucho tiempo para pensar. Y los pensamientos son muy distintos a los que se tienen en las mismas condiciones pero encerrado en una pieza. Son mucho mas optimistas.

Siento cierta nostalgia por esa época. Empecé a caminar solo por las calles como a los diez años. A los quince llegué a este país, y hace un par de días me di cuenta recién que han pasado diez años desde entonces. Sé, con absoltuta certeza, que jamás caminaré de nuevo por las calles que caminé cuando era un niño. No tanto porque piense que no volveré a la ciudad donde crecí, sino porque sé que de hacerlo, las calles no serán lo mismo. Todas las ciudades cambian mucho en diez años, si excepción. Y eso me hace sentir nostalgia también. Pero ahora, que me siento completamente chileno, y sé que las calles de esta ciudad son mi hogar, y que la mayor parte de mis recuerdos importantes están en estas calles, no me parece tan terrible. Es mas. En ninguno de los dos casos, esa nostalgia es mala. Por el contrario, es una sensación bella, agradable.

Y aún me gusta por caminar por las calles, de noche. Cuando no anda nadie por ahí.

domingo, septiembre 04, 2005

Héroes y Antihéroes

Hellblazer es el nombre de un comic book que existe desde 1987. Su protagonista se llama Jhon Constantine. Cínico, irrespetuoso, incapaz de ser sutil o quedarse callado, aún sabiendo que es un imbécil. La historia de un tipo, capaz de hablar con fantasmas, ángeles y demonios, que dedica su vida a luchar contra el mal aunque eso signifique enfrentarse a todo el infierno. No lo hace por ganarse una medalla, ni para salvar el mundo. Ni siquiera lo hace porque simplemente le parezca lo correcto. En el fondo, lo hace por satisfacer su ego, porque se jura capaz de ser más inteligente que Satán. Y la mayor parte del tiempo, le resulta. Claro que eso no es muy raro, después de todo es el héroe del comic. O mejor dicho, el antihéroe.

Cada generación, desde los últimos cincuenta años, más o menos, ha tenido sus héroes. Tomemos por ejemplo a Elvis, años ’50. Blanco, bonito, rebelde no contra la autoridad (siempre fue un buen ciudadano) sino contra la fomedad imperante. Él fue un héroe porque hacía rock and roll, música sumamente emocional, sexual y emancipadora. En los años ’60 estaban los Beatles, quienes siguieron con la misma senda paro añadiéndole la irreverencia y la falta de respeto por la autoridad, por lo establecido.
Para cuando llegaron los años ’70 no era mucho lo que se podía hacer. Se podría decir que empezó la búsqueda de alternativas. La lucha contra el sistema no daba ningún fruto así que sucedió que empezaron a buscar alternativas, las cosas se disgregaron. Ya no había un solo héroe, como al principio, ni un grupo de ellos como sucedió después. Ahora habían cientos de ellos. La búsqueda de alternativas, una nueva espiritualidad, una nueva religión, el intento de acercar oriente a occidente a través de su filosofía que en realidad es más religión. Obviamente las cosas fallaron. Los orientales no eran ángeles después de todo, eran seres humanos, tan imperfectos y llenos de fallas como nosotros. O sea, en el Tibet tenían la costumbre de sumergir al recién nacido en un río de deshielo del Himalaya, y si sobrevivía se le consideraba apto para ser criado.
Entonces llegan los años ’80, donde deciden olvidarse de todo lo espiritual y entrar en la banalidad, la estética, el momento hedonista de la cultura. Reventarse porque eso es bueno y después de todo no pasa nada, ¿verdad?. Hasta que apareció el SIDA, y el cáncer, y las drogas hacían daño, al igual que el exceso de alcohol. Los cigarros también eran perjudiciales para la salud. Uno no podía reventarse sin sufrir las consecuencias. La superficialidad, oh sorpresa, no contenía nada, te dejaba igualmente vacío. Así que como ni lo establecido, ni la alternativa, ni el escapismo funcionaban, ya que el mundo era igualmente una mierda, ¿por qué preocuparse? Mandemos todo a la cresta entonces. Ahí es cuando entran en juego los años ’90. El metal furioso, el grunge depresivo, el héroe de esta época, Kurt Cobain, quien parece tenerlo todo para al fin ser feliz, se suicida. No podría ser de otra forma, el héroe de los ’90 era después de todo un tipo hastiado de todo, cansado de mentiras, falsos ideales, religiones sin sentido, un tipo que amaba la tristeza y la soledad porque sólo así se encontraba con sí mismo, creía que sólo así se podía ser real. Ahí es cuando se consolida el antihéroe.

Su efecto sigue siendo fácilmente visible. En las películas, las telenovelas, el tipo malo que por ser malo atrae al sexo opuesto, el tipo al que no le importa nada, que odia a todos, que no siente culpa al hacer lo que quiere, el tipo frío (en inglés, “cool”). Su reverso es sumamente sensible. Una excelente descripción la encontré leyendo uno de los tantos comics sobre los X-Men, mientras Wolverine (el gran antihéroe de la Marvel) mira a un grupo de punks: “A todos estos críos los han herido tan fuerte que tuvieron que empujar lejos al mundo, simplemente para asegurarse de que no los hiriese de nuevo. Pero la única cosa peor que ser herido, es ser ignorado, por lo que tienen que encontrar un aspecto que diga Préstenme atención todos, pero no se acerquen demasiado”

Recuerdo haberme sentido así alguna vez, siendo adolescente.

Sólo ahora las cosas empiezan a cambiar. Es cierto, nos volvimos una sociedad sumamente materialista. Y cualquier mujer, ahora que ya no tienen miedo de pensar por sí mismas, sabe que un rebelde sin causa es muy divertido para salir, pero es incapaz de mantener una relación. Y aunque lo hiciera, es incapaz de vivir bien en el mundo, precisamente por ser un rebelde. Una mujer sabe que por mucho que ella se deslome trabajando, él se lo gastará todo, que jamás podrá comprar las cosas que quiere. Que para ello, necesita a un hombre que sepa ser exitoso, que sepa trabajar bien y hacer dinero. Por otro lado, los hombres también saben esto, y que las mujeres de verdad sólo les prestarán atención si aprenden a hacer las cosas. Esto no quiere decir que los vayan a buscar sólo por su dinero (eso pasó en los ’80 y dio como resultado a la mujer valium, que tiene de todo pero no es feliz) sino por su capacidad de saber desenvolverse en la vida. Tanto en su trabajo, como en su vida personal.
El héroe ahora es una persona sumamente profesional, que al mismo tiempo está en paz consigo mismo. Una persona mucho más sana, mucho más completa.

Desde que tengo conciencia de mi entorno que escucho que el mundo se va al infierno. Que todo es un caos, que las cosas van de mal en peor. No se imaginan cuánto me sorprendí de saber que lo mismo se viene escuchando desde antes de la revolución industrial.

Me siento más bien optimista, aunque no del todo. O sea, por un lado veo a Bart Simpson, en ese capítulo en el que dice algo así como “soy de la generación que creció frente a una tele con un control remoto, soy incapaz de concentrarme en algo por más de 5 minutos, tengo la capacidad atencional de un mosquito”. Por otro lado, veo a gente joven (es decir, menor que yo) opinando en foros, produciendo cosas, con muchas ideas y ganas de hacer cosas, con una forma de pensar distinta.
Aún no veo al héroe de esa generación y a veces temo que sea posible que ni siquiera llegue a consolidarse. Sobre todo viendo como la competencia desmedida, por una falta de auto conocimiento de las capacidades de cada uno, crea gente estresada e histérica, trabajólica, que no sabe ser feliz. Sobre todo viendo que aún se rinde culto al antihéroe y lo que es peor, se reviven por todos lados a los héroes caídos, ensalzados no por los jóvenes sino por los viejos que los adoraron, pero transformados en productos de marketing y consumidos por los jóvenes, que toman una visión idealizada de personas que en el fondo, eran tan estúpidas e imperfectas como uno. Pero a pesar de eso creo que hay esperanzas.
Quizás llegue el momento en el que, después de 20 años de gente repitiendo que lo bueno está por dentro de las personas y no en su aspecto, se empiece a aplicar de una vez por todas y deje de ser un maldito cliché.

“Es horrible pensar cómo tanta gente cree que no puede aprender, y cómo más gente aún cree que aprender es difícil”
Frank Herbet, “Dune”